Economía

La mano de obra escasea en el Austro por la migración

Tairon Sarmiento resume en una frase lo que viven los artesanos azuayos y cañarenses ante la escasez de mano de obra calificada: “Antes nos buscaban, ahora salimos en busca de ellos”.

Esta problemática se nota más en los cantones nororientales de GualaceoChordeleg y Paute, que son artesanales. Las familias viven de los oficios de la orfebrería, textilería, bordados, alfarería, tejidos en paja toquilla, pirotecnia y calzado.

Tras la reapertura progresiva de los talleres, los propietarios se encontraron con otra dificultad sumada a la económica: algunos operarios habían abandonado el país.

A Sarmiento se le fueron Rolando Bueno, armador de calzado, y Alfredo Rocano, pegador de suelas. Estos jóvenes laboraban cinco años, el mismo tiempo que tiene su fábrica de calzado Zarmili. Antes de la pandemia tenía 14 obreros, que producían 50 pares de ­zapatos diarios.

Entre marzo y mayo el taller estuvo cerrado. “Era desesperante para nosotros y para nuestro personal no trabajar”. A Sarmiento también se le cruzó la idea de migrar con su familia para cubrir sus deudas.

En junio, cuando reabrió, solo trabajaba con su esposa y Rocano. No contrataba a más porque no tenían pedidos. “Los almacenes del país y las fiestas, que mueven nuestro negocio, estaban paralizadas”.

Los tres producían cinco pares a la semana y Sarmiento iba llamando a los otros trabajadores de acuerdo con los pedidos que llegaban. En noviembre migró Rocano y en febrero, Bueno. “No los podía detener y quedé muy afectado por la falta de esa mano de obra”.

Sarmiento cuenta que pasó seis meses buscando personal del nivel de sus exempleados, pero que no encontró. Cuando empezaron a llegar los pedidos no sabía con certeza si podría cumplir los plazos de entrega y la calidad.

Entonces decidió enseñar la técnica a Esteban Torres, uno de sus trabajadores antiguos. “Lo más complicado es el armado del calzado, debe quedar perfecto. No podíamos coger gente nueva para enseñar desde el inicio”.

En medio de esas dificultades, en Zarmili ya laboran 11 personas, produce 50 pares diarios y las ventas a Guayaquil, Machala, Babahoyo y otras ciudades se reactivaron.

Torres tiene 30 años y ha visto marcharse a muchos amigos, familiares y vecinos de Gualaceo.

Fuente El Comercio