Opinión

La mamá emprendedora que exporta pañales de México a Europa

Ixchel Anaya, fundadora de Ecopipo, empresa mexicana de pañales ecológicos, es mamá emprendedora que cuida a sus cuatro hijos, protege al ambiente y exporta a Reino Unido.

Ixchel Anaya se ha enfrentado a varios obstáculos desde que fundó Ecopipo en 2009: ser mujer, ser madre, iniciar un negocio poco convencional, no haber recibido algún financiamiento por parte del gobierno o alguna incubadora, y vivir en Guanajuato, el estado donde la mayor inversión que se hace es a la industria automotriz.

Guanajuato es uno de los estados que cuenta con la presencia de 6 de las 11 gigantes automotrices que se han instalado en México, entre las que destacan Ford, General Motors, Honda, Mazda, Volkswagen y ahora Toyota, que espera entrar en operaciones para el 2019.

Parte de la política de esta región del Bajío es destinar recursos públicos para atraer la mayor cantidad de inversión. Según datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), esta industria creció un 60% durante el periodo del 2009 al 2013, y Guanajuato cuenta con el nivel producción más alto en México en el sector manufactura-automotriz.

Asimismo, en este estado viven un gran número de japoneses, superando a Estados Unidos. “Desde que llegaron los “taka-taka” todo en Guanajuato ha subido, como las rentas y las colegiaturas”, platica Ixchel.

Pese a los pronósticos, Ixchel no se detuvo, trabajó duro y comenzó un negocio poco tradicional en la zona en la que vive y ahora, además de conquistar Reino Unido y algunos países de Centro América, es mamá emprendedora que compite al nivel de las grandes trasnacionales productoras de pañales, como P&G, Kimberly-Clark. KC y Grupo P.I. Mabe. Aquí te contamos su historia.

Un bebé rosado y una oportunidad de negocio

Ixchel siempre con deseos de emprender un negocio, sin importar si era grande o pequeño, su interés por el cuidado del medio ambiente y su primogénito Adán, quien padece dermatitis atópica, la llevaron a confeccionar los primeros pañales de tela y a fundar Ecopipo.  

Como su primer hijo no podía utilizar otro tipo de pañal que no fuera de tela, decidió armar unos prototipos caseros. Ella recurrió al viejo recurso de las familias, su abuela Tete, quien fue pieza clave en la consolidación de Ecopipo, pues además de ser quién le enseñara a Ixchel a coser para vender los primeros encargos, fue el mayor apoyo económico para el crecimiento de la empresa, pues nadie más le otorgaba un financiamiento.

Otras mamás se mostraban atraídas por el pañal casero, ya fuera por el tipo de piel de sus hijos, por el gasto que representa comprar pañales desechables o por las mismas ganas de querer cuidar al ambiente.

“No nos imaginamos que hubiera tanta necesidad de este tipo de pañal de tela, porque la gente piensa que esto ya no se usa”, recuerda la creadora de Ecopipo.

Fue ahí donde se dio cuenta de la oportunidad de negocio.

Un bebé durante sus primeros dos años de vida utiliza 6,000 pañales, que equivalen a tres toneladas de basura que tardará en desintegrarse de 300 a 600 años, según datos de la empresa. El objetivo no es crear pañales biodegradables si no, reutilizables.

Empezó sus ventas con 30 pañales al mes, después 50, y así sucesivamente hasta llegar a 300. Los pañales caseros duraban alrededor de cinco meses y tenían un costo de 80 pesos.

Fue en 2013 cuando la empresa empezó a crecer, las ventas para Ecopipo aumentaron y sobre pasaron la producción. Para Ixchel fue uno de los momentos más frustrantes que ha vivido como empresaria.

La parte económica fue complicada pues aunque existía el mercado, ella no tenía los medios económicos para surtir y seguir creciendo.

“Ya no sabían para dónde moverme, fue un momento de presión y de querer tirar la toalla. Según yo la tiraba y a los cinco minutos la recogía, y me preguntaba: ¿bueno y ahora qué voy a hacer?”, platica la emprendedora.

Debido a la falta de capital, Ixchel no pudo surtir a su cliente de Canadá en ese año.

“Vivía estresada, tenía que hacer pagos y atender a mis hijos. Los veía y me decía: los he descuidado. Pero no es cierto, porque ellos entienden que tienes que trabajar. Pensaba que ya no iba a poder y hasta creíamos que era mejor cerrar, pero afortunadamente tuvimos socios y eso fue lo que levantó a Ecopipo”, recuerda la empresaria.

Fuente: www.entrepreneur.com