Opinión

La ‘ley mordaza’

Los dos partidos del Gobierno, PSOE y Unidas Podemos, han presentado una batería de enmiendas para suavizar la ley de seguridad ciudadana, la conocida como ley mordaza, aprobada en 2015 por el Gobierno del PP con el rechazo de toda la oposición. Esa ley vigente en España fue redactada por la cúpula policial del Ministerio del Interior que dirigía Jorge Fernández Díaz (hoy, en su mayoría, procesada por prácticas delictivas y corruptas) con criterios fuertemente represivos y con rasgos de Estado policial. Nació inspirada en la idea de considerar al manifestante un supuesto delincuente. Antes de su aprobación definitiva, algunas de sus propuestas (como retener sin límite temporal a un presunto delincuente) fueron consideradas sospechosas de inconstitucionalidad por la Fiscalía General del Estado, dirigida por una persona elegida por el PP.

Seis años después, el propósito del Gobierno de reformar esa ley ha conseguido unir en la calle contra el Ejecutivo a los sindicatos policiales, a la derecha y a la ultraderecha. Como ocurrió con la manifestación que juntó al PP, Ciudadanos y Vox en la plaza de Colón en protesta contra unas supuestas concesiones del Gobierno de Pedro Sánchez al independentismo catalán que nunca existieron, aquí la manifestación denuncia una presunta desprotección del policía ante el delincuente por la reforma legal que tampoco existe.

El argumentario de los sindicatos policiales se apoya en varias premisas falsas que asumen como válidas la derecha y la ultraderecha. Contra lo que dicen los sindicatos policiales para descalificar este cambio, en la reforma las identificaciones de indocumentados tendrán un límite de dos horas de duración pero “ampliables a seis”, o sea, como hasta ahora, siempre que se justifiquen las causas. Tampoco es verdad que los policías tengan que devolver a la persona identificada desde la comisaría al lugar donde fue detenida porque eso solo sucedería cuando la comisaría esté en una ciudad distinta a la de la detención, algo que ocurrirá en muy pocas ocasiones y que resulta perfectamente lógico.

 

Opinión | EL PAÍS (elpais.com)