Opinión

La invisibilidad de la literatura ecuatoriana

Margarita Dager Uscocovich /USA

Yo me pregunto ¿para qué escribimos los ecuatorianos?, ¿por qué escribimos los ecuatorianos?, ¿a qué o a quien le escribimos los ecuatorianos? Si nuestra literatura es prácticamente invisible para nuestro país y para el resto del mundo, entonces, esa práctica tangible y arrolladora, ¿en qué se convierte después de haber alcanzado su momento de gloria en la privacidad?…

Mi dirección puntual en este artículo es no solo preguntar; más bien es tirar la piedra al aire a ver quién nos da una respuesta sólida sobre el trabajo cultural de los consulados o embajadas. Aquí voy nuevamente: ¿Qué hacen nuestras embajadas y consulados por promovernos? Nosotros los autores y escritores que hemos estado siempre presentes, que corremos el riesgo de contar historias, que nos quemamos las pestañas en pro de atesorar los recuerdos y convertirlos en momentos vívidos para quienes nos leen, nos sentimos desoídos, rechazados y hasta imprescindibles por la falta de la poca generosidad con la que se cuenta para que nuestras letras sean reconocidas en nuestro país o fuera del él.

Se dice que dentro de los asuntos que maneja un embajador o un cónsul, muy a parte de los económicos, políticos, administrativos o diplomáticos, es dar a conocer a su país a través del turismo y de la cultura; pero, lamentablemente ni siquiera ahora, en este presente nos sentimos apoyados por estos seres “interesantes”. Dar a conocer  a otros la literatura ecuatoriana que es tan rica en su contexto universal, que es una fuerza imparable que no deja de crecer, debería ser un orgullo y un motivo de placer para quienes son funcionarios públicos a este nivel.

A diferencia de otros países como Guatemala, Colombia, Chile, Argentina, El Salvador y Honduras. Por mencionar unos cuantos, nosotros, los ecuatorianos no nos interesamos en estar al día sobre las hazañas de los nuevos referentes literarios fuera de nuestras fronteras. Estamos plagados de gentes que no aportan nada al engrandecimiento de la cultura. Ocupan cargos, se desenvuelven en cenas pomposas y cotilleos de grandes ligas sin el mero interés de conocer a su comunidad representada. Lo reafirmo con conocimiento de causa porque lo he experimentado y lo he leído. Otros colegas de letras han sido exaltados por sus representantes a este nivel, en cambio el ecuatoriano que escribe, que, con sus diversos estilos y técnicas, que comunica sus ideas o sus más mínimos pensares, que con su propio peculio se promociona y se publica, es mirado por encima del hombro. Aquí en Estados Unidos, ni los cónsules, ni la embajadora nos ha invitado como lo hacen otros, a hablar de nuestras obras y de nuestros galardones. Esto no solo pasa en tierra norteamericana, sucede también en fronteras mucho más lejanas donde todos los encargados diplomáticos tienen “otras preocupaciones” demasiado importantes para fijarse que somos una consecuencia ineludible de vivencias que afirman, dogmatizan, que dudan, que se mantienen comprometidos con el trabajo que hemos escogido.

Pienso que en nuestro país este “asunto” de la literatura lamentablemente se lo tiene olvidado porque carece de rédito económico, porque lo consideran artificial o quizá un proyecto obsoleto, o un tesoro que no saben cómo manejar bien. Sea lo uno o lo otro también hay que decir que las ferias del libro no le hacen justicia a la literatura ecuatoriana, estas solo se dedican a vender libros, pero no a reencontrarse verdaderamente con ellos. Su actividad no debe ser intrínsicamente el encuentro entre agentes literarios o editoriales; o brindar un punto de encuentro para debatir sobre las tendencias literarias. (no existen tendencias, existen escritores y obras) En sí, todo este esfuerzo, debe ser el encuentro con la literatura misma y sus engranajes mágicos creados por nosotros. En fin, esta es una de las acotaciones que se debe hacer para que nuestras letras no caigan en el vacío y se queden ahí, girando en la soledad impoluta de la nada cruel y vertiginosa. Lo digo, porque hay de donde escoger.

Desde que tengo memoria solo conozco que se leen a escritores locales (ecuatorianos) de los años treinta, sesenta y hasta setenta. Todavía se discuten obras como: Las cruces sobre el agua, Huasipungo o Entre Marx y una Mujer Desnuda, pero, no se le da el espacio y el respeto que se merece a obras de gran calibre como las de Sonia Ribadeneira, María Luz Albuja, Sandra de la Torre o Karla Armas, que, a pesar de tener estas producciones extraordinarias siguen luchando porque sus escritos se codeen con los estándares nacionales e internacionales y aprendan a volar solas junto con el reconocimiento de ser ecuatorianas, no tanto de estar en Google o Wikipedia. Ni que decir de los escritores independientes que nos abrimos paso en el extranjero y que competimos no solo con el idioma si no con la atención merecida.

Conversando con Sonia Ribadeneira, quién tiene una obra rica, no solo en historias si no en vivencias comentó que su obra, La última Mariposa del Gueto ha sido recomendada como lectura obligatoria en la escuela para el estudio de la Shoa (Holocausto) YAD VASHEM.

Expresó también: <Esto a nadie le importa, porque el problema de fondo en Ecuador es que es el país de las “vacas sagradas” que se definen y surgen en el criterio ciudadano por tres razones: Amiguismos, política y marketing. Si hablamos del escritor, y este logra insertarse en el grupo de las “vacas sagradas” conseguirá convertirse en el más leído, aplaudido y condecorado. Tenemos una sociedad machista, entonces no es de admirarse que la literatura de mujeres este aún más relegada y sesgada a pequeñas hendiduras por las que se permitió ingresar al círculo a otra mujer. Nuestra literatura es invisible para el resto del mundo por la simple razón de que jamás en las ferias de libro extranjeras se ha visto promover un buen estante de nuevos escritores, sino más bien de representantes que van de paseo. Así, ¿Cómo creemos que vamos a ser visibles en un concierto universal de escritores? >

Por otro lado, Gabriela Cárdenas, artista visual y escritora quiteña que ha participado en antologías en el exterior (33 Relatos Hispanos), que tiene un libro titulado De poemas y Relatos, considera que existen grupos elitistas que no han entendido todavía que la cultura necesita difusión y que la cultura es un trabajo de inclusión y globalización. Su experiencia propia es enfocada a los ministerios y casas de la cultura donde la programación es rutinaria y no tiene una difusión masiva si no puntual. Pero, lo mayormente preocupante para ella, es la imposibilidad de acceder a medios de publicación de manera independiente en el país. Esto en si limita la expansión literaria dentro y fuera del país. Ecuador debe evolucionar, debe obligarse a conocer a sus nuevos referentes literarios sin inhibiciones o prejuicios.