Opinión

La inteligencia artificial y la destrucción creativa

Guillermo Arosemena Arosemena/Guayaquil.

 

Fue Joseph Schumpeter, brillante economista austriaco-estadounidense quien en 1942 escribió sobre el tema y dedicó su vida a estudiar la función del emprendedor y su rol en los ciclos económicos. La destrucción creativa tiene que ver con la dinámica del emprendedor que establece nuevos negocios, bienes y servicios a través de la innovación tecnológica, la cual apalanca las habilidades de los seres humanos y maximiza los recursos materiales. Por ejemplo, el libro electrónico permite al lector ubicar temas de interés a través del buscador. Toma segundos encontrar lo que se busca, en lugar de revisar página por página. Recuerdo que cuando escribí la biografía de Olmedo me tomó pocas horas leer todo lo que Oleary, edecán de Bolívar había escrito sobre Guayaquil y Ecuador en más de 20 tomos.
Según Schumpeter la Destrucción creativa resulta del ciclo perpetuo de destrucción de productos o servicios viejos y menos eficientes reemplazados por nuevos y más eficientes. Por la creación de nuevas actividades productivas, algunas actividades disminuyen considerablemente, especialmente en las innovaciones radicales: el ferrocarril eliminó la carreta, el carro al caballo, el CD al disco musical, etc. Los destellos de innovación han ocasionado cambios tecnológicos desde cuando a nuestros antepasados se les ocurrió hacer herramientas con las piedras, luego el fuego, posteriormente la rueda de madera y así fue progresando la humanidad hasta nuestros días, que tenemos accesos a numerosos bienes y servicios que nos hacen la vida agradable y productiva.

La innovación producida por el emprendedor es verdadera fuente de riqueza. Traducida en tecnología es la principal herramienta para el desarrollo económico; es un proceso que involucra gran incertidumbre, creatividad humana y suerte. Está condicionada por el entorno competitivo de las empresas, tecnología, organización y opciones estratégicas. Desde la antigüedad la vida del ser humano cambió con cada avance tecnológico: cuando se inventó el ábaco en el Oriente, año 3.000 antes de Cristo (A.C.), facilitando las operaciones matemáticas; la rueda en el año 2.000 A.C, que permitió acortar distancias y ayudar al transporte de carga; finalmente el uso del papel para escritura, en el año 110 A.C, que inició los libros, perennizando gran cantidad de sabiduría.

Los ejemplos descritos de innovaciones respondieron a necesidades o problemas que necesitaban respuestas y produjeron resultados positivos, cumpliendo con objetivos como menor esfuerzo o costo, mayor calidad y desempeño superior. Pocas libras de fibra de vidrio, transmitir llamadas telefónicas que, con el cable convencional, requiere toneladas de cobre. Las nuevas formas de comunicación no sólo permiten voces, también datos e imágenes. Al comenzar la segunda década del siglo XXI, los mismos objetivos se siguen cumpliendo. Por naturaleza el ser humano es insatisfecho, tiene permanentes necesidades que satisfacer. El teléfono celular se ha convertido en multiuso: cámara fotográfica, navegación por Internet, computadora, etc.

Hoy estamos viviendo una nueva destrucción creativa: la inteligencia artificial. La inteligencia artificial (IA), es paradigma moderno que impulsa esta transformación estructural, remodelando profundamente el mercado laboral y las industrias. Pero a diferencia de otras ha traído debates éticos y regulatorios. Según los expertos es posiblemente la que mayor destrucción creativa generará. De acuerdo con ellos hay sectores que podrían generar elevado desempleo. Pero otros sostienen que, en lugar de un apocalipsis repentino, la IA reemplaza el empleo por automatizar tareas específicas y rutinarias en lugar de trabajos completos de una sola vez. Esto modifica la fuerza laboral, creando una mayor demanda de habilidades analíticas y técnicas, al tiempo que presiona el crecimiento salarial y dificulta que los trabajadores más jóvenes consigan experiencia de nivel inicial.