Opinión

La integración peruano-ecuatoriana

Hace pocos días, el presidente Pedro Pablo Kuczynski se reunió con su homólogo ecuatoriano, Lenín Moreno, en la ciudad de Trujillo, junto con sus respectivos gabinetes ministeriales. Este encuentro presidencial y del gabinete binacional de ministros fue propicio para relanzar la visión común de la integración entre ambos países, con especial énfasis en la zona fronteriza.

La actitud dialogante y vocación por el consenso del actual mandatario ecuatoriano ha contribuido a la identificación de una agenda bilateral, asentada en el presente y engarzada con el futuro, para responder al anhelo de la integración real de nuestros pueblos.

El esfuerzo conjunto se fortalecerá con los trabajos que venimos realizando para la facilitación del tránsito de personas y vehículos a través de la frontera común, con vistas a fomentar el comercio y el turismo. Además de la construcción de centros binacionales de atención fronteriza, nos hemos concentrado en la continua mejora de la calidad de los servicios que se brindan al público.

Hemos acordado también dinamizar los trabajos para la armonización urbanística entre las ciudades de Aguas Verdes y Huaquillas, con una visión de la frontera como espacio de encuentro y beneficio compartido, compuesto por zonas de desarrollo complementarias que constituyan un núcleo inédito de hermandad con creciente dinámica propia.

La voluntad política de ambos mandatarios ha permitido, de igual manera, que nos comprometamos en la gestión integrada de los recursos hídricos de las cuencas transfronterizas, con la finalidad de garantizar el derecho de nuestros ciudadanos a tener acceso al agua limpia. El uso responsable de este recurso vital es indispensable para el desarrollo sostenible de ambos países. En ese contexto, hemos priorizado las medidas orientadas a la recuperación de la cuenca Puyango-Tumbes.

La reunión de Trujillo ha dado, asimismo, impulso a nuevas modalidades de cooperación como la reserva de biósfera transfronteriza Bosques de la Paz, primera de su tipo en Sudamérica. Este emblemático proyecto binacional está orientado al manejo sostenible y la conservación de la diversidad biológica del bosque seco del Ecuador y de Amotape-Manglares del Perú.

Nuestra agenda compartida tiene igualmente un fuerte componente social enfocado en el objetivo común de erradicar la pobreza y atender de manera prioritaria las necesidades de las personas en situación de vulnerabilidad. Existe un amplio espacio de colaboración en materia de políticas públicas para el cumplimiento de las metas que nos hemos trazado para el 2030, dentro del marco de los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas.

También nuestras Fuerzas Armadas y policiales han fortalecido sus vínculos de cooperación en actividades cívicas conjuntas de apoyo a las poblaciones fronterizas, así como acciones coordinadas para combatir la delincuencia organizada transnacional. Solo así podremos ser efectivos en nuestra lucha contra la trata de personas, el tráfico de migrantes, el tráfico ilícito de drogas y la minería ilegal y sus secuelas, las nuevas amenazas que no tienen fronteras y atentan contra la dignidad de las personas, el medio ambiente y el desarrollo de nuestros pueblos.

Finalmente, hemos puesto énfasis en la necesidad de cooperación en la lucha contra la corrupción en todos sus niveles, tarea que será el tema central de la próxima Cumbre de las Américas, que se realizará en Lima en abril del 2018.

Estando próximos al vigésimo aniversario de la suscripción de los Acuerdos de Paz de Brasilia de 1998, constatamos que hemos dejado atrás la desconfianza anacrónica y la hemos reemplazado con una visión compartida de integración y estrecha cooperación en todos los ámbitos de la relación bilateral, robustecida mediante el diálogo y el entendimiento mutuo al más alto nivel político.

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