Opinión

La infalibilidad del papa (I)

Diego Almeida Guzmán/Quito

 Forbes Ecuador

Pío IX llega a la extravagancia de prohibir a los católicos participar en la vida política italiana. Lo mismo hace con ciudadanos de otros países europeos. Haciendo hipócritamente de mártir, se declara prisionero del Estado italiano en los aposentos vaticanos hasta su muerte.

10 Abril de 2024 16.52

En el Catecismo de la Iglesia Católica leemos que Cristo ha dotado a los pastores con el carisma de infalibilidad en materia de fe y de costumbres. Agrega que de ella goza el Romano Pontífice al proclamar la doctrina en cuestiones de fe y de moral. Cuando la Iglesia propone que algo se debe aceptar como revelado por Dios para ser creído, “hay que aceptar sus definiciones con la obediencia de la fe”. La infalibilidad, dice, abarca todo el depósito de la Revelación divina.

Se imponen así serias restricciones al discernimiento de los hombres. Entre los teólogos que la cuestionan está Hans Küng (Suiza, 1928 – Alemania, 2021), sacerdote católico sancionado por la Congregación para la Doctrina de la Fe. En 1979 le retiró su condición de teólogo católico y le prohibió ejercer tal cátedra. Al desarrollar su posición, Küng no desconoce la autoridad papal pero demanda una “reforma radical – de la Iglesia – de acuerdo con los criterios del Evangelio”. La infalibilidad del papa es, de hecho, creación arbitraria de la jerarquía católica en nada prevista por las Escrituras, y cuestionable en todos los órdenes de su manifestación práctica y eclesiástica. Sostiene el teólogo que Cristo y la Iglesia son una unidad en la dualidad y dualidad en la unidad… como dinamismo histórico mas no como estatismo ontológico. Insiste Küng en que la indefectibilidad – no puede faltar ni dejar de ser (RAE) – de la Iglesia no demanda de su infalibilidad ni menos de aquella personal del papa.

Cualquier análisis histórico debe considerar que el dogma de la infalibilidad solo toma cuerpo a raíz de la Reforma de Lutero. Hasta antes del siglo XVI, pocos o nadie “se atrevían” a defender infalibilidad papal alguna. El papa Juan XXII (siglo XIV) condenó como obra del demonio a la doctrina que fuera alegada por el franciscano Petrus Olivi en la segunda mitad del siglo XIII. El círculo se cierra en el siglo XV con los pronunciamientos del Concilio de Constanza, que eligió nuevo papa a Martín V luego de la deposición del papa de Aviñón, Benedicto XIII.

G. M. Mastai-Ferreti (1792 – 1878) es elegido papa (Pío IX) en 1846 en medio de una Europa que abogaba por el liberalismo. En particular la proclamación de la República romana en 1849 lleva a Pío IX a rechazar toda pretensión de modernidad. Emprende en “políticas” de consolidación de un catolicismo ultraconservador. En 1854, arrogándose una infalibilidad aún no reconocida formalmente, proclama el dogma de la Concepción Inmaculada de María, sin sustento bíblico alguno: declaramos, proclamamos y definimos que la virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por gracia y privilegio de Dios omnipotente (Bula Ineffabilis Deus).

Preparando el camino para lo que vendría, en 1864, Pío IX dicta el Syllabus. Es un documento aberrante que enumera los “errores” del mundo de la época. Entre los yerros (¡?!) que hoy interesan incluye (i) a la potestad civil a definir los derechos de la Iglesia y los límites dentro de los cuales esta puede ejercerlos; (ii) al hecho de que la Iglesia carece de autoridad para definir dogmáticamente que la religión de la Iglesia católica es la única verdadera religión; (iii) que la inmunidad de las personas eclesiásticas tiene su origen en el derecho común; (iv) que la Iglesia no tiene el derecho de emplear la fuerza; (v) que deben ser tenidas por írritas las gracias otorgadas por el papa; y, (vi) que la obligación que liga a los maestros y escritores católicos se limita a las materias que, por el juicio infalible de la Iglesia, son propuestas como dogma de fe. Todas estas imposiciones resultaron en vedar las facultades de razonar, al tiempo que en instaurar un conservadurismo inaceptable en lógica. ¿Cuántos católicos que se pronuncian defensores de su credo fundamentalista conocen de estos hechos?

Pío IX llega a la extravagancia de prohibir a los católicos participar en la vida política italiana. Lo mismo hace con ciudadanos de otros países europeos. Haciendo hipócritamente de mártir, se declara prisionero del Estado italiano en los aposentos vaticanos hasta su muerte. Las consecuencias del proceder infalible del papa, en política, solo son superadas en 1929 con los Pactos de Letrán suscritos entre el Vaticano y la Italia fascista de B. Mussolini.

Los acontecimientos expuestos son aprovechados por Pío IX para convocar a un concilio. El propósito fue consolidar su poder terrenal con una teoría abusiva, voluntariosa y afrentosa… el dogma de la infalibilidad papal, sin perjuicio de otros por igual absurdos. No escatimó esfuerzos para lograr su cometido. Se instaura así el Concilio Vaticano I, cuyas sesiones se dieron entre diciembre de 1869 y octubre de 1870.  (O)