Opinión

La indiferencia

David Trueba

Diario El País de España

Las imágenes de los refugiados sirios cercados y rociados de gases lacrimógenos por las fuerzas de seguridad en la frontera de Macedonia obliga a plantearse una pregunta. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Las escenas, por desgracia, no son nuevas, pero sorprende descubrir cómo se ha fabricado la indiferencia general. Desde el cartelito que luce el Ayuntamiento de Madrid, proclamando su bienvenida a los refugiados, hasta esas escenas recientes han pasado algunas cosas sobre las que conviene reflexionar. Algunas orquestas alemanas han tenido el detalle de ofrecer un recital para proclamar su bienvenida a los refugiados. Es un gesto solidario, pero también una inyección de autoestima en un país que ha visto florecer un nuevo fascismo que celebra la desgracia de los extranjeros y predica su inferioridad. Los nuevos nacionalismos se asientan sobre una superioridad local más o menos sutil. Pareciera que, como el Gobierno español, la humanidad estuviera en funciones en todo el continente europeo, a la espera de resolver esta investidura: ¿somos o no somos capaces de tratar a los demás como seres con derechos básicos?

Más allá de la incapacidad para entender en un registro geopolítico la nulidad de declarar guerras fuera de nuestras fronteras y luego pretender que no nos afecten sus rigores y desgracias, hay dos noticias que cobraron un poder desmoralizador. La primera fue el hallazgo del pasaporte de un refugiado sirio junto a uno de los epicentros de la matanza terrorista en París. Ese pasaporte ha generado dudas por su autenticidad para identificar a alguno de los participantes integristas, pero cumplió el objetivo de dar cobertura a quienes sembraban la sospecha de que los refugiados escondían entre mujeres, niños y familias rotas a radicales islámicos. El segundo empujón para la desmoralización general tuvo lugar apenas semanas después, cuando en algunas ciudades alemanas se produjeron acosos sexuales a mujeres y escenas deleznables de robo, abusos e impunidad durante la celebración nocturna navideña. De los casi 60 detenidos acusados de aquellos actos, tan solo dos responden al perfil de refugiado sirio, pero la mancha de culpa se ha extendido hacia todos ellos.

A caballo en esas dos manipulaciones, demasiados ciudadanos europeos se han desentendido del destino de los refugiados. La indignidad se prolonga cuando el interés de los bandos más sanguinarios enfrentados en la guerra civil siria y sus aliados internacionales se concentra en expulsar a las víctimas hacia Europa y generar así una presión política que obligue a negociar y perpetuar en el poder a los verdugos de una nación ya rota.

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