Opinión

La independencia en tiempos de Trump

Diego Petersen

diego.petersen@informador.com.mx

Diario El Informador de México

El Grito de Independencia es una de las ceremonias cívicas más extrañas de nuestro país. Todas las naciones que algún día fuimos colonia, la mayor parte del mundo, festejamos la independencia como el día del nacimiento de la nueva nación. Como toda decisión narrativa es un recorte total y absolutamente arbitrario de cuándo comienza la historia. No festejamos, por ejemplo, la caída de Tenochtitlán como el momento de fundación de una nueva nación mestiza. Festejamos el mestizaje, la raza nacida de ese encontronazo, pero por supuesto que no festejamos la derrota del imperio Azteca a manos de los españoles; nos parece horrible. Pero tampoco festejamos la fundación de Aztlán, porque aunque es el origen de una parte muy importante de la nación, el imperio Azteca, no representa al país entero. La independencia es pues la fecha que hemos acordado como el nacimiento de lo que hoy es México y hemos elegido una forma, instaurada por el más odiado dictador de nuestra historia, Porfirio Díaz, para festejarlo: gritando.

Tenemos claro qué significó independizarse de España en 1821 y qué significó el inicio de la guerra de Independencia un 16 de septiembre de 1810, pero ¿tenemos claro qué significa ser independiente hoy, en pleno siglo XXI, en la era Trump?

Hace poco menos de 200 años dejamos de ser una colonia para convertirnos en un país independiente. De entonces para acá el concepto de independencia ha cambiado enormemente. La amenaza a la independencia ya no es la colonización de un país a otro (el último susto en ese sentido fue la intentona francesa de imponer a Maximiliano de 1867) sino la capacidad que tengamos para tomar nuestras propias decisiones en un mundo global, complejo e interdependiente.

El fantasma de Trump sigue creciendo (y la idea de que el punto de quiebre para su recuperación fue la visita a Los Pinos, también). Lo que parecía una campaña hundida hace unas semanas ahora está en pleno despegue mientras que Hillary Clinton cae por problemas de salud. La amenaza del candidato republicano, más allá de las bravuconadas, es la capacidad de presión que tiene Estados Unidos sobre la economía nacional y las políticas internas. Uno de los elementos que presionará el vecino del Norte tendrá que ver con las políticas migratorias. Lo del muro es una payasada, no hay manera de detener con bardas los flujos de personas que van en busca de una oportunidad inexistente en sus lugares de origen. El muro encarecería el paso, pero nada más; los únicos beneficiarios serían los coyotes. La presión será, pues, para que México endurezca sus políticas contras los migrantes centroamericanos en beneficio del país vecino. Y eso, sí es perder soberanía e independencia.

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