Opinión

La impopularidad de la jurisdicción del brazo largo de EE. UU.

MÉXICO, (Xinhua) — Estados Unidos, en los últimos años, ha colocado con frecuencia las leyes nacionales por encima de las leyes y reglas internacionales, usando reiteradamente el “gran garrote” de las sanciones, abusando repetidamente de su jurisdicción de brazo largo y conteniendo países rivales, empresas e incluso individuos.

Tal es el caso de lo ocurrido el pasado 16 de octubre, cuando el país africano Cabo Verde extraditó a Estados Unidos al enviado especial del Gobierno venezolano, Alex Saab, noticia que fue confirmada el mismo día por la portavoz del Departamento de Justicia estadounidense, Nicole Navas.

La portavoz dijo que Saab será “procesado por los cargos que se le imputaron en julio de 2019” en una corte federal del sur de Florida. Ante esto, el Gobierno de Venezuela expresó de inmediato una fuerte protesta contra las acciones estadounidenses y las calificó de una “acción ilegal” que “violenta” el derecho internacional.

La extradición de Saab a suelo estadounidense es otra nota a pie de página sobre la persecución política de ciudadanos extranjeros por parte de Estados Unidos. Este “dominio de la jungla” y la hegemonía han destruido el orden internacional y pisoteado el derecho internacional.

La llamada “jurisdicción de brazo largo” es un concepto en el litigio civil estadounidense. En un principio, era solo la jurisdicción de los tribunales de los diferentes estados de Estados Unidos la que podía aplicarse a las personas de fuera del estado, pero, posteriormente, este país la expandió a la comunidad internacional y comenzó a ejercer la “jurisdicción” a los extranjeros.

Muchos países del mundo han ejercido diferentes grados de “jurisdicción de brazo largo” para sus tribunales, pero ninguno de ellos tiene el alcance de Estados Unidos. Una vez que Estados Unidos inicia sanciones contra sus países rivales, ignora las reglas jurisdiccionales del derecho internacional y amplía continuamente el alcance extraterritorial de su derecho interno, colocando a las entidades y personas extranjeras bajo su propia jurisdicción haciendo uso de la fuerza.

En el caso de Saab, en junio de 2020, éste viajaba a Irán como diplomático venezolano cuando fue arrestado mientras se detuvo en Cabo Verde, por lo que Estados Unidos “instó” al Gobierno de ésta nación africana a extraditarlo, Estados Unidos envió buques de guerra a su territorio para ejercer presión.

Después de que el funcionario venezolano fuera extraditado, su abogado señaló que su extradición violaba el principio “ne bis in idem” (no dos veces por la misma causa) que estipula que nadie puede ser juzgado más de una vez por el mismo delito y violaba también varios procedimientos en las normas del derecho internacional.
Estados Unidos se autodenomina “faro de la libertad” y “guardián de los derechos humanos”, siendo, durante décadas, un “policía mundial”.

Washington ha impuesto sanciones y bloqueos a Cuba por más de seis décadas y, en los últimos años, ha recrudecido las sanciones a la República Popular Democrática de Corea, Irán, Venezuela y Rusia, imponiendo a la par “sanciones secundarias” a terceros países con tratos con estas naciones y hasta a sus propios aliados.

Así, Estados Unidos puede describirse como adicto a las sanciones por intimidación. Daniel W. Drezner, profesor de política internacional en la Facultad de Derecho y Diplomacia Fletcher de la Universidad de Tufts criticó en la revista “Diplomacy” a los sucesivos gobiernos estadounidenses por utilizar las sanciones como primera opción para resolver problemas diplomáticos ya que estas medidas, en vez de tener resultados positivos, han causado muchas crisis humanitarias.

En opinión del académico, también miembro senior no residente de la Institución Brookings de EE. UU., los “Estados Unidos de América” se han convertido en los “Estados Unidos de Sanciones”, mote que una portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China consideró como un nombre hecho a medida y bien merecido para Estados Unidos.

El uso de esta nación de su hegemonía financiera y superioridad tecnológica para imponer sanciones ha socavado gravemente el orden internacional, ha dañado la soberanía y la seguridad de otros países, ha afectado la economía nacional y el sustento de las personas de los países sancionados, ha violado los principios de la economía de mercado y ha socavado la cadena industrial y de suministro global.

Más específicamente, en el contexto de la pandemia del nuevo coronavirus (COVID-19), las acciones de Estados Unidos han obstaculizado también la solidaridad global en la lucha contra la enfermedad, han causado dificultades adicionales para el trabajo anti-pandemia de los países relevantes, han dañado los intereses del mundo y hasta sus propios intereses.

Estados Unidos tampoco es blando con sus aliados pues, de acuerdo con sus leyes, el Gobierno estadounidense puede obtener datos de usuarios y transferir información de bancos europeos a través del sistema internacional de transferencias interbancarias SWIFT, por lo que en los últimos años muchas empresas europeas han sido sancionadas por el Departamento de Justicia de EE. UU. y otras agencias reguladoras financieras.

Estados Unidos debe darse cuenta de que solo hay un sistema en el mundo y ese es el sistema internacional con las Naciones Unidas (ONU) en su centro. Existe un solo orden, que es un orden internacional basado en el derecho internacional. Existe un solo conjunto de reglas, que son las normas básicas de las relaciones internacionales basadas en los propósitos y principios de la Carta de la ONU.

Por ello, cualquier acto que socave el orden internacional y pisotee el derecho internacional dañará profundamente al mundo y seguramente será rechazado por personas justas de todo el globo.

Como miembro de la comunidad internacional, el Gobierno estadounidense debe escuchar los consejos de las personas perspicaces, nacionales y extranjeras, abandonar la antigua forma de sanciones y presiones arbitrarias y dejar de participar en la hegemonía y el acoso.

Como una de las principales potencias del mundo, Estados Unidos debería desempeñar verdaderamente un papel constructivo para la paz, la estabilidad y el desarrollo mundiales.

 

 

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