Opinión

La ignorancia es atrevida.

Dr Jorge Alberto Norero González/ Guayaquil

 

 

Hernán Salgado, expresidente de la Corte Constitucional —quien además su hija Claudia ocupa su curul tras su salida de dicho organismo—, ha declarado que el presidente Daniel Noboa Azin “se ha sacado la careta, carece de vergüenza y desconoce la necesidad, la pobreza y la realidad del país”.

Según su lógica, la condición de pertenecer a una familia adinerada impediría a Noboa comprender al pueblo, reduciéndolo a la caricatura de un ser indiferente, vanidoso y engreído.

Es cierto que en la historia abundan personajes que encajan en esa descripción. Sin embargo, resulta lamentable que alguien que pretende erigirse como líder de opinión exprese con tanta ligereza juicios cargados de prejuicios y tan escasa información sobre lo que significa ser empresario y emprendedor.

En su mezquina definición, Salgado ignora que el éxito empresarial exige un conocimiento profundo de las necesidades y realidades sociales: investigar mercados, analizar a la población, identificar a los consumidores, definir cadenas de distribución, contratar personal, mejorar la calidad, aumentar la eficiencia y la productividad. Nada de eso es posible sin una conexión con el entorno y una comprensión clara de las demandas colectivas.

Reducir la riqueza a una supuesta lluvia de oro que cae del cielo, o a un acto de simple vanidad, es desconocer la dificultad real de mantenerse competitivo en mercados que demandan innovación permanente, control de costos, análisis de competencia y estrategias de largo plazo.

Salgado, con sus declaraciones, no solo demuestra resentimiento, sino ignorancia y desprecio por la realidad empresarial. Y si estos son los juicios de quienes alguna vez ocuparon un asiento en la Corte Constitucional, no es exagerado sostener que el pueblo soberano merece exigirles rendición de cuentas y, en casos de semejante torpeza, plantear la posibilidad de destitución por incapacidad moral.

Semper Fi.