Opinión

La ideología del EI cuenta con poco arraigo en el Sudeste Asiático

Noel Caballero

@efe

La ideología extremista del grupo Estado Islámico (EI) no ha logrado arraigar entre los casi 300 millones de musulmanes que habitan en el Sudeste Asiático, señala el experto Srawut Aree, a pesar de que existe un riesgo considerable de ataques terroristas en la región.

Según las cifras gubernamentales, menos de 500 personas se han unido a las milicias del EI en Siria e Irak, aunque los diferentes Ejecutivos reconocen que los números reales de combatientes podrían ser superiores.

“Son números relativamente bajos comparados con otras partes del mundo, si tenemos en cuenta que en el Sudeste Asiático viven cerca de 300 millones de musulmanes”, apunta Aree, subdirector del centro de Estudios Islámicos de la universidad de Chulalongkorn de Bangkok.

La ausencia de conflictos étnicos entre suníes y chiíes, el profundo conocimiento de los preceptos del islam y las facilidades de vida que tiene el Sudeste Asiático en comparación con otras zonas de predominancia musulmana sirven como vacuna para que las ideas del EI no se asienten en esta parte del mundo.

“Los musulmanes del Sudeste Asiático son más moderados y con poca tendencia a la violencia. La gran mayoría rechaza las prácticas inaceptables del EI”, manfiesta a Efe Aree, doctorado en estudios islámicos.

En Indonesia, Malasia y Filipinas, los países de la zona donde más personas han viajado para luchar en Oriente Medio, incluso se ha informado de casos de guerrilleros que regresaron porque “no podían soportal la violencia” del grupo yihadista.

No obstante, a pesar de que algunos pequeños grupos radicales, especialmente en Indonesia, han jurado lealtad al califa Abu Bakr al Bagdadi, líder de grupo yihadista, el EI no ha mostrado su interés por establecer un califato en el Sudeste Asiático, subraya el experto.

El grupo Estado Islámico pretende como primer objetivo borrar las fronteras del mapa pactado por Inglaterra y Francia tras la Primera Guerra Mundial para formar un califato, aunque podría tratar de “ampliar su territorio” en un futuro y reforzar su presencia en otros países como Afganistán o Pakistán, donde se asienta Al Qaeda.

Durante la invasión soviética de Afganistán (1978-1992), muchos musulmanes del Sudeste Asiático fueron formados militar e ideológicamente como muyahidines (combatientes de la guerra santa) para combatir a las tropas de la extinta URSS.

A su regreso, varios guerrilleros fundaron sus propios grupos como la Yama Islamiya, en Indonesia y Malasia; o Abu Sayyafm en Filipinas, ambos con vínculos con Al Qaeda.

Un “déjà vu” que podría repetirse en el caso del grupo Estado Islámico que “aunque sea escaso el número de personas que combaten en sus filas, pueden crear muchos problemas” en la región, comenta Aree.

Los Gobiernos de la zona trabajan a contrarreloj para fortalecer sus leyes en materia antiterrorista con el fin de “prevenir” que sus ciudadanos partan a Oriente Medio para unirse al EI e “investigar” las comunicaciones por internet con propaganda en favor del grupo extremista.

El Parlamento de Malasia aprobó a principios de abril una batería legislativa, bajo el nombre de Ley de Prevención del Terrorismo (POTA, en inglés), que permite a las autoridades detener a sospechosos de manera indefinida y sin juicio e incautar el pasaporte a nacionales y extranjeros, entre otras medidas.

La “restrictivas” leyes han suscitado gran controversia entre los defensores de los derechos humanos que alegan que podrían vulnerar numerosos principios básicos y ser utilizadas por “motivaciones políticas y acciones abusivas por parte del Estado”.

Para el experto tailandés, la mejor manera de combatir y prevenir que los musulmanes de la zona se unan a las milicias del EI en Siria e Irak es a través de la educación de los verdaderos preceptos del Islam.

“Lo mejor que podemos hacer es inmunizar a nuestro jóvenes frente al EI a través de la educación religiosa”.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.