Opinión

La Humildad y la Fe en la era digital

Por: Yovana Cárdenas Lino

Desde Lima, Perú, para La Nación de Guayaquil, Ecuador.

 

En la era digital, las redes sociales han fomentado una cultura del ego y la vanagloria, donde la humildad a menudo se percibe como una debilidad. Las plataformas digitales promueven la autoexaltación y el reconocimiento superficial, alejándonos de los valores fundamentales que sostienen una sociedad justa y equitativa. En medio de esta corriente, Filipenses 2:3 nos ofrece una poderosa lección: la verdadera grandeza radica en la humildad.

Valorar a los demás y reconocer nuestras propias limitaciones no solo nos hace mejores individuos, sino que también nos capacita para ser líderes y colaboradores más efectivos. La humildad fomenta la escucha activa, la cooperación y el respeto mutuo. Estas cualidades son esenciales para construir una sociedad donde la equidad y la justicia no sean solo ideales, sino realidades tangibles.

Además, la fe y la devoción a Dios proporcionan un ancla en medio de las tempestades de la vida moderna. Hebreos 11:6 dice que la fe es esencial para agradar a Dios y para encontrar propósito y dirección. Actualmente, en una era de relativismo moral y confusión espiritual, una devoción firme a los principios divinos ofrece claridad y consuelo, guiándonos hacia una vida de significado y paz interior.

Ser un hombre de honor en el mundo moderno no es una tarea fácil, pero es una misión crucial. Los valores de integridad, amor, humildad y responsabilidad son más relevantes que nunca. Adoptar y vivir según estos principios no solo nos mejora como individuos, sino que también contribuye a la creación de una sociedad más justa, compasiva y cohesionada. En tiempos de cambio y desafío, los hombres de honor son los verdaderos pilares sobre los que se puede construir un futuro mejor.

El mandamiento de amar a Dios y al prójimo, destacado en Marcos 12:30-31, es una respuesta poderosa al individualismo y la alienación que caracteriza a nuestra sociedad. Donde proliferan las divisiones y la desconfianza, el amor y la compasión pueden ser revolucionarios. Los actos de bondad y la empatía hacia los demás crean puentes en lugar de muros, fomentando comunidades más fuertes y cohesionadas.

Reflexionemos sobre cómo nuestras acciones y actitudes impactan nuestra comunidad y el mundo en general. Al practicar la humildad y la fe, podemos cultivar un entorno donde prevalezcan la justicia y la equidad, inspirando a otros a hacer lo mismo. En última instancia, estos principios bíblicos no solo nos guían en nuestra vida personal, sino que también tienen el poder de transformar nuestra sociedad en un lugar más humano y solidario.

La realidad es que la era digital no desaparecerá, pero podemos elegir cómo interactuar con ella. Si optamos por infundir nuestras vidas digitales con humildad y fe, podríamos contrarrestar la cultura del ego y la vanagloria que tan a menudo se promueve. Así, no solo mejoramos nuestra vida personal, sino que también damos un paso significativo hacia la creación de una sociedad más justa y equitativa, basada en principios de integridad y compasión.