Opinión

La guillotina oxidada

Cristo García Tapia

@CristoGarciaTap

Si metáfora, quiere decir que la corrupción es un esmerado ejercicio de creatividad, cuyos artífices en Colombia, tierra fecunda en poetas y literatos según reza una tradición decimonónica, aspiran en poco tiempo a honrar la Academia Sueca “sustrayéndole” la tercera efigie de Alfred Nobel, superar a García Márquez y emparejar con Santos.

Si realidad, la cosa vendría a ser diferente: quiere decir que, a usanza de aquella bienhechora y purificadora máquina que tuvo entre sus cortantes e insaciables bordes a la majestad coronada y omnipotente de Francia, ministros, barones,  señores feudales, clérigos, magistrados, jueces, concubinas rutilantes, entre tantos cuellos destajados, se desempolvaría y pondría en uso en Colombia para cortar las cabezas de hiedra de la corrupción que se reproduce incesante.

Y si no, esto de “desempolvar la guillotina” para cortarle el cuello a la corrupción de mil cabezas que se traga sin masticar todos los presupuestos, rentas y bienes públicos, no deja de ser otra de las alucinadas empresas de algún Buendía redivivo, de aquellos que en los hervores de la fiebre del banano llevaron a Macondo tantos embelecos imaginarios.

Entre los más, el hielo, para enfriar la temperatura y apagar el hervor de cada nuevo caso de corrupción en el altozano del poder metropolitano, en los  consejos directivos de las patronales empresariales, en las presidencias de los bancos oficiales financiándola, en los órganos de control tapándola, en los ministerios oficializándola.

Y hasta en los estudios de televisión y radio, redacciones de revistas y periódicos,  presentándola y justificándola como algo intrascendente y de exclusiva ocurrencia en tierras de corronchos e incivilizados; de mestizos y de gente poco ilustrada y, por supuesto, sin ningún lustre racial ni linaje de impunidad.

En fin, eso de desempolvar la guillotina, desoxidarla cortando unas cuantas y prominentes cabezas, quizá sofrene un poco o al menos por un tiempo el caballo desbocado de la corrupción y contenga el caudal de los ríos incontenibles por los que navega sobre segura y a prueba de naufragios y con las compuertas abiertas de par en par en tantas ías.

Pues ahora viene a saberse que ya no es solo el largo Magdalena por el que navega raudo Odebretch, también de la Antioquia emprendedora  se ha venido a saber por boca de un ex presidente, que don Marcelo con sus multinacionales de la construcción, y la corrupción, “ayudaría” a mover las turbinas que convertirán los caudales hídricos del río Ituango en energía, a la vez que a multiplicar con creces los suyos caudales y los de los gestores de adendas, otros sí, ramales, variantes y desvíos.

Todo, por supuesto, a expensas de los dineros públicos, de las rentas nacionales y de la complacencia y complicidad sin escrúpulos de los octienios que, con las “dadivas” de Odebretch y otras que aún se mantienen en el fondo  pero que están a punto de flotar, se han apacentado en los estuarios del poder y convertido en agente de la corrupción.

Bien viene recordarle a quien se alista para poner a funcionar la bienhechora guillotina, el Procurador Carrillo, un repaso de los discursos del más grande héroe de la Revolución Francesa, Robespierre, acerca de la utilidad del artilugio con el cual se propone cortar las cabezas de la corrupción en Colombia, además  memorarle que los banqueros tienen siempre a su servicio a los políticos que lo eligieron.

Los cuales, entre otras gabelas por la financiación de sus bancos senatoriales, les contraprestan las tasas impositivas o las cantidades de azúcar de sus bebidas gaseosas, el grado de alcohol de sus cervezas y licores, etc.

Brissot y el banquero Claviére, en la Francia revolucionaria, fue la llave siniestra de esta práctica criminal; en la Colombia concebida por el Frente Nacional alcanza su mayor florecimiento, esplendor y favorecimiento.

Si realidad, Robespierre, el Incorruptible, ilumine y le mantenga el pulso firme al guillotinador Carrillo a la hora de cortar las cabezas de la corrupción con las que prometió desoxidar la bienhechora maquina purificadora de lo público.

Ojalá no se vaya a distraer cortando solo las de los guajiros y los afro del Pacifico, los costeños dicharacheros y bailarines y uno que otro NN.

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