Opinión

La guerra y el derecho a la paz.

Dr. Jorge Norero González/Guayaquil

Si la guerra es la historia de los hombres y la paz es el sueño de los sabios, adagio de los cientistas políticos y de las relaciones internacionales,  interpretar  este pensamiento implicaría que los hombres no aprenden de la historia, que de manera egoísta, irracional y hasta suicida, los grandes líderes del mundo o no han sido instruido lo suficiente, o llevan en sus genes aquellas células malignas de la violencia, prepotencia, codicia y demasiada irracionalidad, que rompe el equilibrio, que aunque muchos no quieran aceptar, nos aleja de escalas biológicas inferiores, pero al actuar sin frenar la aniquilación de sus congéneres que también somos huéspedes circunstanciales de este mundo, espacio y tiempo,  nos dejan demasiada evidencia que en nada les interesa el sufrimiento y el bienestar, la muerte, el horror y la destrucción, son los traumas de millones de niños, jóvenes, familias, dónde todas estas secuelas quedarán marcadas como una señal, de lo frágil, efímero, y fugaz de nuestros sueños, esperanzas, que como la luz encendida puede generar claridad, apagada oscuridad total…

El hombre esta criatura del que se dice es un ser político, social, espacial, temporal, cósmico, transformador, dialógico, requiere de una profunda reestructuración en su pénsum educativo, necesitamos con urgencia que toda la tecnología y las herramientas legadas por evoluciones de siglos de hombres superiores para beneficio de la humanidad, sirvan para la construcción de nuevos hombres y mujeres, capaces de construir y no de destruir, conservar y no contaminar, poniendo todo el empeño para desterrar las discriminaciones, pero un factor para mí fundamental, las libertades  sin restricciones no pueden ni deben ser  fuentes y vías, que produzcan resultados y evidencia de millones de seres humanos caídos en la garras de la autodestrucción y hasta  degeneración total…

La alimentación es una necesidad básica, así como el agua y el aire para nuestra subsistencia y sobrevivencia, ningún hombre puede subsistir sin estos tres elementos y  factores que cada vez son más escasos por problemas de contaminación, frágiles ecúmenes producen menos alimentos, el calentamiento global, produce alteraciones que afectan nuestra vidas, genética, surgen nuevas enfermedades, virus, bacterias, pandemias, que nos obligan a guardar  cuarentenas y restricciones mundiales a nuestra libertad, nos imponen medidas de bioseguridad, distancias, mascarillas, entramos sin muchas protestas o resistencias,  a una nueva forma globalizada del control de las masas, en dónde el miedo y el terror, magistralmente vendidos por expertos en la comunicación y manipulación, lograron su efecto en las mentes humanas, logrando en tiempo verdaderamente insólito, que se crearán vacunas, y que las transnacionales farmacéuticas generen un sistema de confidencialidad, que hasta ahora nadie sabe su real costo, y con todos esos genios y científicos que recibieron total libertad de acción, para utilizarnos como conejillos de indias, se hagan experimentos, se dice con graves impactos al sistema inmunológico, estructura molecular, etcétera, insisto con poca resistencia, nos han conducido está vez hacia un mundo desconocido..

La invasión de Rusia a Ucrania, nos logró despertar de esa somnolencia inducida, y mirar sorprendidos que nos estaban conduciendo a interacciones virtuales masivas, existiendo por tanto harto material para sacar lecciones que vivimos en un nuevo orden mundial que desafía viejos paradigmas, principios, valores, pero sobre todo nuestras costumbres…

Ante todo, esto, somos nosotros aquellos que tenemos la responsabilidad y la difícil tarea de llevar de la mano por las múltiples vías y autopistas, a millones de niños, jóvenes, adultos, profesionales, en ese mundo del conocimiento, sin todavía tener evidencias claras del contexto dramático que vivimos, con cambios inexplicables, y muchas veces sin respuestas… implicando y siendo nuestra mayor responsabilidad, desarrollar una capacidad operativa que tiene que ser parte de un colectivo, que genere pensamientos universales, dinámicos, transversales con agilidad y conocimiento del factor tiempo, lo que de manera obligatoria nos exige ser rápidos, no podemos ser lentos ante la vertiginosa velocidad con que se producen estos cambios, estás señales, estás manifestaciones,

El conocimiento y el apoyo oportuno de nosotros como facilitadores y guías, debe ser responsable, idóneo, oportuno y eficiente, y parte fundamental y esencial de los educadores del siglo 21.

El manejo audiovisual, aprender analíticamente, investigar, leer, nos debe llevar a los coloquios necesarios, para hacer que se revelen desde el interior de cada estudiante, sus propias deducciones, análisis e hipótesis, que vayan construyendo una masa crítica de pensadores, fundamental para enfrentar los desafíos que ya están presentes y muchos ni siquiera los perciben.

La paz y los derechos humanos son grandes temas que tenemos ante nosotros, pero que lamentablemente nos agarramos a ellos muchas veces sin entenderlos, pero como un salvavidas, los usamos para sobrevivir, y cuando nos sentimos a salvo, nos bajamos sin mirar atrás que los abandonamos, cuando siempre tendríamos que llevarlos como parte de nuestra piel.

Estar aquí en este evento de construcción de pensamiento y más humanidad, estar unidos y no solos, es el salvavidas y el puente que nos puede ayudar a todos, para alejarnos de las injusticias, ignorancia, la guerra, la muerte, pero sobre todo nos debe conducir a nunca perder la fe en nosotros mismos con la orientación y bendición de Dios.

Semper Fi.