Opinión

La Guerra FrA�a fue reemplazada por la “paz caliente”

Somos hijos y nietos de los Beatles. Para nosotros, valA�a la pena “imaginar a toda la gente viviendo en paz”, “soA�ar con un mundo unido”, “sin necesidad de egoA�smo o de hambre”. A?CA?mo no vamos a ser pacifistas? Eso nos interpela como ciudadanos de Occidente, en especial cuando la palabra “bombardeos” vuelve a inundar las noticias. Los argentinos tuvimos a lo largo de nuestra corta historia, ademA?s, demasiadas experiencias de violencia y autoritarismo que no terminamos de procesar, en especial la A?ltima, la traumA?tica dictadura militar. Que, para peor, culminA? con una derrota en el AtlA?ntico Sur, luego de la cual nos ocupamos de tratar durante mucho tiempo a las vA�ctimas (los veteranos) como victimarios: los ignoramos, los marginamos, los abandonamos a su suerte.

Sufrimos una enorme y entendible dificultad para aceptar que vivimos en un mundo que fue, es y serA? complejo, incierto, inestable, conflictivo y belicoso. OjalA? pudiA�semos cambiar esa realidad. No obstante, debemos diferenciar nuestra voluntad, nuestros deseos, nuestros valores y nuestras intenciones del indispensable anA?lisis, frA�o y objetivo, que necesitamos hacer para entender quA� pasa, cA?mo puede evolucionar este escenario y quA� deberA�a hacer la Argentina para, al menos, intentar defender nuestros intereses estratA�gicos.

Mucho se habla sobre una nueva Guerra FrA�a entre Washington y MoscA?. Ya lo habA�a seA�alado Dimitri Medvedev, entonces primer ministro ruso, en la Conferencia de Seguridad de Munich de 2016. El pasado 16 de abril, el ministro de Asuntos Exteriores de ese paA�s, Sergei Lavrov, entrevistado por la BBC, advirtiA? que la relaciA?n con Occidente era peor que durante la posguerra. No faltan motivos para semejante percepciA?n de hostilidad: la incorporaciA?n de exrepA?blicas soviA�ticas a la OTAN, la asociaciA?n estratA�gica de la UE con Ucrania, la incorporaciA?n de Crimea a Rusia, las sanciones de potencias de Occidente contra MoscA?, el congelamiento de numerosos espacios de diA?logo como el G-8… A la vez, el apoyo ruso al rA�gimen de Al-Assad, el envenenamiento de exagentes de inteligencia rusos en Gran BretaA�a y la influencia en los procesos electorales en Europa y Estados Unidos llevaron a Washington, Londres y ParA�s a dar una respuesta contundente no solamente a Siria, sino tambiA�n a Rusia. Por eso, no parece apropiada la caracterizaciA?n de “nueva Guerra FrA�a”.

Primero, porque el mundo dejA? de ser bipolar hace mucho tiempo. En todo caso, si existen dos paA�ses con ideas y concepciones diferentes y poderes similares, son Estados Unidos y China. No Rusia. La economA�a norteamericana es seis veces mA?s grande que la rusa (cuyo tamaA�o es equivalente al de la de Italia), tiene los principales motores de innovaciA?n del planeta y es cada vez mA?s autA?noma en tA�rminos energA�ticos. Rusia depende de sus hidrocarburos y es competitiva solo en el mercado de armamentos. AdemA?s, a pesar de las amenazas de guerras comerciales y de retorno del proteccionismo, la retA?rica le gana por ahora a la acciA?n. Hablar de Guerra FrA�a implicarA�a negar la compleja red de interacciones mA?ltiples e interdependientes creadas por la globalizaciA?n y que constituyen el principal obstA?culo para volver a las andanzas del nacionalismo econA?mico.

Lo que existe hoy es una “paz caliente”. Un escenario intrincado, con tensiones crecientes entre paA�ses y episodios puntuales, en el que se despliegan y utilizan fuerzas militares que no siempre conducen a una guerra. Conflictos geopolA�ticos como AfganistA?n, Irak, Ucrania y Siria, con intervenciones directas o indirectas por parte de Occidente y Rusia con la intenciA?n de debilitarse mutuamente. Vladimir Putin es consciente de sus limitaciones y del enorme territorio rodeado de potencias nucleares que debe defender. Por eso, pretende un equilibrio de poder en Medio Oriente que mantenga a las dos potencias regionales con pasado imperial, TurquA�a e IrA?n, luchando por su respectiva influencia de forma indefinida, de modo que ninguna de ellas aspire a desafiar los intereses rusos.

De hecho, si la guerra civil de Siria se transformara en una conflagraciA?n mA?s amplia, serA�a por el choque de intereses turco-iranA�es mA?s que por los ataques aA�reos occidentales o las feroces tA?cticas de Al-Assad para aferrarse al poder. Mientras tanto, TurquA�a continuarA�a su incursiA?n en el norte de Siria con el pretexto del fortalecimiento de los grupos insurgentes kurdos e IrA?n avanzarA�a en su programa misilA�stico y la construcciA?n de bases y proxies a lo largo del territorio sirio, lo que justificarA�a los bombardeos disuasivos de Israel, con la abierta simpatA�a de Arabia Saudita.

En el marco de esta “paz caliente”, los ataques aliados a las instalaciones de armas quA�micas que observamos por los medios el pasado fin de semana, breves y quirA?rgicos, constituyeron una declaraciA?n polA�tica contra Rusia. Lo prueban tambiA�n las ausencias. China estuvo al margen de cualquier confrontaciA?n retA?rica o material. Alemania condenA? el uso de armas quA�micas, pero rechazA? participar de los bombardeos por tener una relaciA?n mA?s compleja, tanto con Rusia como con IrA?n.

Las potencias occidentales pretenden mantener un equilibrio de poder. Este ataque no modifica la balanza en el sangriento conflicto sirio. Puede argumentarse que tuvo motivos ajenos a esta guerra civil. Recordemos los imperativos de polA�tica interna. Donald Trump, asediado por escA?ndalos de corrupciA?n y la anarquA�a de un gobierno disfuncional y caA?tico, necesita presentarse como un lA�der fuerte, que utiliza su poder de disuasiA?n, para diferenciarse de su antecesor y su fallida intervenciA?n en Siria (mA?s el desastre en Libia). La dA�bil Theresa May, enredada en el laberinto del Brexit, prefiere que Europa se focalice en las amenazas externas, mientras se profundiza la inestabilidad en Escocia y en la frontera con Irlanda del Norte. Emmanuel Macron necesita una victoria polA�tica para compensar su acelerada pA�rdida de popularidad luego del fin de la luna de miel y el desgaste derivado de la trabada reforma laboral. Puede sonar desagradable, pero todos satisficieron esos objetivos al “mA?dico” precio de un bombardeo que durA? un par de minutos. Algo mA?s serio les hubiera implicado costos enormes: ninguno buscA? la autorizaciA?n de su respectivo Parlamento. Esto tambiA�n es funcional a Putin, a quien no le alcanza ni su holgado triunfo electoral para compensar las consecuencias del estancamiento econA?mico de un paA�s atrapado en los tA�picos dilemas de los productores de petrA?leo. Nada mejor que recurrir al nacionalismo en defensa de la madre Rusia.

Para la polA�tica exterior argentina (en materia de defensa no podemos agregar nada por la debilidad de nuestras fuerzas armadas) se libran dos guerras en simultA?neo: una militar por el territorio sirio y una de relaciones pA?blicas entre Rusia y Occidente, en la que Siria es solo un pretexto. El marco de la “paz caliente” podrA�a constituirse en una guA�a de acciA?n A?til para nuestra diplomacia como complemento preventivo para navegar las incertidumbres de un mundo geopolA�ticamente inestable, militarmente peligroso, polA�ticamente anA?rquico, socialmente fragmentado y econA?micamente interdependiente.

Nada parecido a lo que soA�aron los Beatles ni a lo que aspiramos como sociedad. Pero es el contexto en el que nos toca vivir.

Por: Sergio Berensztein