Opinión

“La Gringa”

Jorge Alania Vera
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Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador.

 

Todos los exalumnos salesianos del mundo tienen en común un vínculo entrañable que se forjó en su niñez: el amor a María Auxiliadora. En las aulas y en los patios de sus escuelas y junto al bonete de Don Bosco, el padre bueno fundador de la Orden, estaba siempre- y lo sigue estando- la imagen de su virgen que sale en procesión los 24 de mayo al final de una festividad multicolor que todos ellos tratan de vivir allí en donde se encuentren e independientemente de la forma en la que los haya tratado la vida.

Los niños se apretujan vibrantes en los coros y los viejos se juntan en los pórticos recordando los años en que marchaban detrás de la efigie como detrás de un sueño que marcaría sus existencias para siempre. Los cantos no han cambiado y las plegarias pero cada quien es otro que sigue siendo el mismo. Los años nos han venido encima pero esa imagen sigue intacta allí llamándonos, queriéndonos, buscándonos.

La procesión es, sin duda, un acto de fe. Y es posible que en mayo- como en octubre- no haya milagros. Y es posible también que las dudas sean ahora muchas más grandes y numerosas que las certezas, pero “La Gringa” -como la nombran mis compañeros-no se ha ido. Desde su pedestal nos mira recordándonos que fuimos niños y adolescentes alguna vez y que alguna vez fue nuestra bandera y nuestra lanza en las pequeñas pero sentidas luchas por sobrevivir a nuestra infancia y adolescencia.

En los patios grandes y solemnes las bullas y los silencios se suceden. Ya no son los nuestros que se repartieron por el mundo: Barcelona, Bruselas, Santiago, Asunción…Ahora son otros, idénticos, que suenan con otras músicas pero que tienen como antes y como mañana la bendición de esa gringuita universal que los evoca.

Ningún exalumno salesiano olvida los 24 de mayo. Más lejos o más cerca, revive esa emoción de su época escolar. En fila y disciplinados repiten antiguas oraciones y antiguos himnos. Sus estandartes están altos y más altos sus sueños. Ignoran el porvenir porque tienen el presente protegido. Se irán por muchos mares y caminos y sea como fuere tendrán alguna fe. Serán sacerdotes, católicos practicantes, católicos de DNI, budistas, librepensadores, agnósticos, ateos. Pero todos estarán unidos por un vínculo entrañable: “La Gringa” de sus vidas.