LA GESTIÓN DEL MINISTRO DE AGRICULTURA
MSc. Ing. Agr. Agr. Brenda Mendoza Pimentel/Guayaquil.
FORO AGROPECUARIO ECUATORIANO
La gestión del actual ministro de Agricultura atraviesa un momento crítico que demanda una revisión urgente por parte del Ejecutivo. A lo largo de su mandato, el sector agropecuario ha manifestado una profunda preocupación ante los evidentes atrasos en la ejecución de políticas públicas esenciales y la falta de incentivos reales para los pequeños y medianos productores. Es menester que se entienda que las dádivas son satisfacciones efímeras.
Lejos de reducir las brechas históricas, la actual administración sectorial ha profundizado las desventajas competitivas del campo, dejando a miles de familias campesinas desprotegidas frente a las plagas, el cambio climático y la volatilidad de los precios en el mercado. La falta de respuestas ágiles y la desconexión con las bases rurales han debilitado la confianza en las instituciones.
No basta con un representante ministerial que vaya a tomarse la foto y asista a podcasts o entrevistas en medios digitales; realmente lo que se requiere es un funcionario que se ponga las botas y baje a territorio junto al hombre que trabaja la tierra e indague la problemática del sector agropecuario. Un acercamiento codo a codo con el sector más importante incluso redundaría en apoyo para futuras elecciones.
El campesinado, que constituye el motor alimentario del país, se siente relegado por una burocracia que no prioriza la entrega de créditos accesibles, tecnología ni subsidios oportunos. Esta situación no solo afecta la productividad nacional, sino que también erosiona el capital político del gobierno.
Por estas razones, se vuelve imperativo solicitar al presidente Daniel Noboa que analice de manera integral la posibilidad de un cambio en el liderazgo de este ministerio. Una renovación en la cartera de Agricultura no debe entenderse como una derrota, sino como una oportunidad estratégica para enmendar el rumbo, refrescar la gestión y, fundamentalmente, mejorar la imagen del gobierno ante el campesinado. El sector rural necesita un liderazgo empático, técnico y con capacidad de territorio que devuelva la esperanza a quienes labran la tierra.
