Opinión

La fuente de la juventud

Lic. Denisse Casalí L.

denissecasali@gmail.com

@denissitacl

Hay un sitio que guarda la fuente de la juventud en Centroamérica, un lugar donde el envejecimiento no existe y las eternas ganas de vivir persiste. Ese es el tesoro mejor guardado de la Península de Nicoya en Costa Rica. Una de las regiones que oculta el secreto de la longevidad.

Es un rincón turístico para los que viajan tan sólo con una mochila a sus espaldas, unos cómodos zapatos y la naturaleza frente a sus ojos. Los que conocen Nicoya no paran de señalarlo como aquel lugar privilegiado con playas de arena y bosque tropical, donde sus habitantes superan los 100 años de vivencias, experiencias, risas, amor y emociones.

Lo más interesante es, que no sólo la geografía le otorga a Nicoya la ventaja de que quienes lo habiten puedan vivir muchos años, sino que es la suma de una serie de cosas que hemos ido olvidando y guardando en un cajón, como por ejemplo: ¿qué se sentirá vivir sin una gota de estrés? ¿Cómo sería alimentarnos de cosas que vengan de la naturaleza, sin la intervención de químicos? ¿Cómo sería tener fe en algo invisible y superior a nosotros? ¿Cómo sería tener una espiritualidad renovada que equilibre nuestra manera de vivir? ¿Cómo sería vivir en familia hasta que tengamos 108 años y nuestros hijos 88?

El agua en este sitio también cumple un papel fundamental. Por su naturaleza se filtra a través de la piedra caliza que le brinda propiedades únicas como calcio y magnesio, lo que a su vez contribuye a que los nicoyanos no sufran de graves quebraduras de huesos como otras personas contemporáneas en distintas regiones del mundo. Esto les permite mantenerse activos e incluso motivarlos a participar de entretenidos bailes organizados por los nonagenarios y centenarios frecuentemente.

Por último destacan uno de los aspectos más importantes en el camino a la longevidad, ése que se encuentran al alcance de todos nosotros sin importar el lugar de origen. La risa, eterna medicina, indispensable para alcanzar la edad dorada, tratando de ser feliz para que el cuerpo y el alma resistan cualquier batalla.

Este sitio al igual que otros de su tipo denominados “Las zonas azules” alrededor del mundo son ejemplos hermosos y reales de que la eterna juventud existe. Lo que más me gusta es que le entrega un mensaje al mundo de permanencia y de ¡pura vida! como dirían los costarricenses.

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