Opinión

La filosofía y la droga

Juan Javier Campoverde

jj_campoverde@hotmail.com

@JuanCalambre

A lo largo de mi vida, he encontrado gente que mira con desprecio a la filosofía. Y he visto que, aunque las perspectivas son distintas, el desprecio al que conducen es el mismo. Se la considera poco práctica, una pérdida de tiempo, alimento de intelectualoides, y más.

Y es verdad. Generalmente, muchos amantes de la filosofía dan esa impresión. Cualquier persona sin mucha curiosidad podría pensar que la filosofía es algo desechable. Porque ¿quién apreciaría un hobby que consiste en ser como una enciclopedia, al saber que a eso se lo llama filosofía? Pocos, pero suficientes para causar una impresión equivocada. El peor enemigo de la filosofía son esos filósofos.

La filosofía es toda esa red de pensamientos que se activa cuando estamos seguros de cosas fundamentales: si algo es bueno o malo, si existe dios o no, si lo que percibimos es real, etc. Es decir al conocimiento que accedemos cuando nos queremos ubicar en este mundo. En ese sentido, todos tenemos una filosofía; aunque la llamemos cosmovisión, perspectiva de vida, o lo que sea.

El término filosofía puede significar más, a nivel académico; pero la única filosofía práctica es la de la vida. Si ésta es sólida, uno sabe quién es. Eso es básico para la existencia: conocerse a sí mismo. Estar consciente de por qué uno cree lo que cree, es lo que da y para lo que sirve la filosofía.

¿Qué tiene que ver esto con la droga? Droga también es una expresión que se mira con desprecio. Más si se la escucha junto a la palabra juventud. ¿Es despreciable la droga por sí misma? No creo. Pienso que es el peor pecado, y el más grave error, señalar a otro, sea persona u objeto, como el agente destructor de alguien. Al hacer algo así se da por sentado que, en este caso la droga, está por encima de la voluntad de las personas; lo cual es anular psicológicamente a un sujeto. No me sorprende la dificultad general para seguir procesos de rehabilitación exitosos.

Y cuando los jóvenes usan drogas, son enviados al psicólogo. Éste seguirá el esquema conocido y aceptado. Los resultados, los conocemos. Sería más apropiado que el drogadicto con dificultades para disciplinar su voluntad, acuda donde el filósofo. Pues es indagando en su cosmovisión que encontrará luces, y no en su psiquis.

¿Guerra contra las drogas? Mejor contra las adicciones. Luchar contra la adicción, en lugar de la droga, es una manera más inteligente y responsable de plantear la lucha. Se puede decir todo lo que se dice de la droga, reemplazando en su lugar la palabra “adicción”, y sería más correcto y apropiado.

La filosofía puede aportar una nueva visión de la droga, más crítica y realista; más apegada a hechos y no a propaganda. Sé que pronto veremos filósofos demostrando su contribución frente a la lucha contra las adicciones, y será más efectiva que otros métodos de desapego.

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