Opinión

LA FAMILIA ES LA INSPIRACIÓN DE CRISTÓBAL ZAPATA

ECUADOR. Silvia Ortiz se quedó profundamente dormida en un sillón de su hogar, mientras su esposo Cristóbal Zapata la miraba. Era una noche de diciembre del 2008. Esa imagen inspiró al escritor cuencano, quien, en la actualidad, dirige la Bienal Internacional de Cuenca.

El poema se tituló ‘Mientras Silvia duerme’ y fue publicado por Zapata en libros como el ‘Jardín de Arena’. Según él, su esposa y sus tres hijos Martina, de 14 años; Amaru, de 10, y Octavia, de cuatro, son su principal inspiración y motivo central de algunas obras.

Esta pareja está junta desde hace 15 años. Se conocieron de forma fortuita en una mesa redonda que organizó la Casa de la Cultura de Azuay. Ella laboraba en esa entidad cultural y quería concretar una entrevista con Zapata para su programa en radio Ondas Azuayas.

“Fue una enorme atracción a la distancia”, recuerda Zapata, mientras descansa en un sillón verde de su hogar. Su esposa, quien labora como editora en la Dirección Municipal de Cultura de Cuenca, le interrumpe y agrega que fue “inmediata”.

Según ella, su matrimonio tiene como sustento fundamental el apoyo mutuo. Por esa razón, Ortiz se convirtió en una suerte de ‘editora de cabecera’ de los trabajos de su esposo.

Este vínculo también surgió de forma fortuita. Al principio de su relación, Ortiz leía los textos de su pareja, pero no se atrevía a decir nada. Una noche ella estaba sola y tomó un manuscrito y con un lápiz hizo las correcciones. “Cristóbal llegó y se emocionó”. Desde allí no deja de consultarle.

Él, en cambio, le asesora en las ediciones de su trabajo y algunas presentaciones. “Silvia aporta mucho más… No meto nada a la imprenta sin que ella lo revise antes”, admite Zapata.

En este hogar, la biblioteca es una de las habitaciones más importantes y un sitio de confluencia de todos. Un lugar al que Zapata lo ocupa más en las noches cuando sus hijos duermen. Los libros y publicaciones están ordenadas alfabéticamente y por temáticas. A más del escritorio hay un sillón.

En su actual casa viven desde hace cuatro años. Mientras  sonríe, Ortiz cuenta que hay una coincidencia particular en su familia. Cada vez que nació un hijo se han cambiado de vivienda. Siempre han buscado un espacio más amplio, iluminado, seguro y, sobre todo, que les ofrezca tranquilidad. “Somos maniáticos del silencio”, señala Zapata. (Revista Familia Ecuador)