Opinión

La espada del Libertador recorrió Quito

Antonio Aguirre M.

antonioxaguirre@gmail.com

La semana que pasó, nuestra capital fue el hogar de los simpatizantes del Socialismo del Siglo XXI, tuvieron actos importantes en su desesperado intento de perennizarse en el poder de los países que gobiernan o gobernaron.

Su ego es muy elevado y la perfección de sus actuaciones las ponen como ejemplo para futuras generaciones y para la humanidad entera; son tan absurdas y erradas sus actuaciones que, economía en la que intervienen la destrozan, tiene como principal ejemplo y abanderada de sus fracasos a la ex rica Venezuela hoy sumida en la miseria, escasez, tráfico y delincuencia incontrolables, su inflación es posible que ya sea la más alta del mundo.

La máxima condecoración de la Asamblea fue concedida sin merecimiento alguno a una persona muy cuestionada en su propio país, pero como es coidearia hay que complacerla y protegerla pase lo que pase , el único comentario adverso de este fugaz premio fueron los tres errores cometidos en las cifras mencionadas por la Presidenta de la Asamblea en su Intervención, pudo haber estado mal informada por sus asesores o no reviso los datos del texto, teniendo que ser corregida en el discurso de agradecimiento por la misma homenajeada.

También se realizó el Encuentro Latino Americano Progresista ELAP, en el que se discuten las políticas izquierdistas de la región y su impredecible futuro económico, el personaje principal fue la inquieta viajera Canciller Venezolana Delcy Rodríguez que dio una conferencia (ahora a cualquiera intervención la llaman magistral) sobre la integración, actualmente desintegrada por las políticas y actuaciones dictatoriales de su Jefe Supremo Nicolás Maduro. Terminaron invocando paz, pero son conflictivos y abusan del poder total.

Y para cerrar con broche de oro, el partido de gobierno favorecido por los “chimbadores” mayores, hizo la designación de sus candidatos a las dos primeras magistraturas que no fueron ninguna sorpresa, todo ya estuvo organizado y decidido en el Palacio de Carondelet.

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