Opinión

LA ESCUELA

AUTOR DESCONOCIDO.
Colaboración del Ab. Francisco Boloña R./ Guayaquil

Cuando yo fui a la escuela, las clases comenzaban la primera semana de mayo y terminaban la última de enero.

Teníamos un feriado largo para Navidad y Año Nuevo, vacaciones de carnaval y Semana Santa y más una semana después de cada trimestre. Las fiestas patrias se celebraban el mismo día y ensayábamos los himnos con mucho fervor y alegría.

Había algo raro también, las profesoras y profesores no se enfermaban, no recuerdo que los profesores faltaran dos días seguidos.

Si el profe te retaba, no te convenía decir nada en tu casa porque seguro te volvían a retar y te tocaba un castigo.

Ni la lluvia impedía faltar a la escuela, era toda una aventura llegar a clases, en un día así.

El profesor se respetaba, era como si te retaran tus propios padres.

Había dos recreos, uno cortito y el largo de 25 minutos.

Los profesores tomaban café en el bar y no nos cuidaban en el patio, porque sabíamos lo que podíamos y no podíamos hacer; más allá de una rodada jugando a la guerra o al fútbol, no ocurría nada más.

Era un honor llevar y traer el libro de registro, buscar el mapa mundi en la dirección o pedir tiza.
Nos turnábamos para borrar el pizarrón y sacudir los borradores.

Qué alegría enorme era completar álbumes de cromos sobre botánica, fútbol o cualquier otro tema de moda, jugar a la rayuela, al quemado, a las cogidas, a los trompos o a las escondidas. Tomar distancia en la fila, y escuchar las palabras del director antes de regresar a las aulas.

Nos enseñaban que Bolívar, Sucre, Calderón hicieron grande a la patria y que Colón descubrió América buscando las Indias, no sé cuándo los próceres pasaron a ser genocidas, no sé cuándo los profesores comenzaron a enfermar para necesitar suplente y la suplente otra suplente, etc.

Desde cuándo los padres golpean a los maestros o desde cuándo los mismos alumnos sacan su furia contra ellos.

Cuando fue que revisar una cabeza en busca de piojos, pasó de ser un acto de salubridad, a una discriminación.

Cuando un acto patrio, pasó a ser solo un feriado.

No sé cuándo se perdió la escuela como institución, cuándo se perdieron los valores, el respeto a los maestros como ejecutores de enseñanza.

Cuán hermoso eran aquellas épocas en las que sabíamos de valores, respeto y solidaridad.

DESDE QUE LLEGÓ EL DE MANOS LIMPIAS Y CORAZONES ARDIENTE, LA EDUCACIÓN PERDIÓ TODO ESTOS VALORES, GRACIAS A DIOS TUVE UNA EXCELENTE EDUCACIÓN PRIMARIA Y SECUNDARIA.