Opinión

La enfermedad de Olmedo

Guillermo Arosemena Arosemena/Guayaquil

 

Hay abundante evidencia de que su salud no era buena y se fue deteriorando con el tiempo. Él lo expresa en numerosas cartas y documentos. Los biógrafos de Olmedo han ignorado su problema estomacal, el cual debería ser estudiado para tratar de determinar si la enfermedad crónica influyó en su enigmática personalidad. Cuando se sentía mal, se alejaba de Guayaquil por varios meses y viajaba a diferentes sitios de la costa: Santa Elena, Chanduy, Morro y Paita.

La primera vez que escribe sobre el tema es como legislador en España, en una carta del 7 de junio de 1812 enviada desde Cádiz al municipio de Guayaquil: “Como acabo de salir de una larga y grave enfermedad,”; no da detalles, tenía 32 años. La última conocida en la que escribe sobre esta enfermedad es de 1846, después de 34 años con la misma enfermedad. En 1830, al terminar las sesiones del Congreso constituyente, en la sesión del 11 de septiembre solicitó retirarse a su casa. Su solicitud fue aceptada después de aprobarse la constitución y después de la elección de vicepresidente, cargo que recayó en él. Estuvo en el legislativo hasta la sesión del 14 de septiembre.

El 24 de enero de 1842, en una carta a su hermana Magdalena, escribió: “…desde que empecé la navegación, la hinchazón de los pies ha comenzado a ceder: ahora solo tengo un pequeño resto en el pie derecho. El vientre no está del todo bien aún, y cada dos o tres días sufro lo mismo que allá. Pero ves que esto es una mejora considerable. Hago ejercicio por las mañanas y por las tardes, salvo los últimos cuatro días […] quedé postrado de un parto muy duro, y me mantuve en la hamaca con las piernas encogidas durante cuatro días. Ahora casi estoy bien, y hoy he dado mi paseo habitual.” En una carta del 26 de marzo de 1842, envió una comunicación a Manuel Paredes, su cuñado: “Sigo convaleciendo muy lentamente […] la rebeldía de mi estómago es constante; si me descuido, después de cuatro o cinco días, siento ardores y fatigas, con molestias y entuertos continuos.” El 24 de mayo de 1842, escribió a Andrés Bello: “…he venido a convalecer de una enfermedad que no tiene cura, pues tiene su origen en mi constitución física, que solo cambiará con la muerte. Mi estitiquez es imponderable y cuando olvido el enema o los purgantes, paso días como un cuerpo glorioso”.

El 29 de septiembre de 1842, escribió al Gobernador del Guayas declinando el nombramiento del presidente Juan José Flores para representar a Ecuador en la exhumación de los restos mortales en Santa Marta y su traslado a Caracas: “…la grave y prolongada enfermedad que evidentemente he padecido […] después de algunos días, sufrí un contratiempo que me ha hecho retroceder tanto que me impide viajar…”

En 1843, Olmedo tuvo varias recaídas y no aceptó el cargo de senador para la convención de 1843. La última carta que he encontrado de Olmedo a Flores, del 16 de enero de 1845, es desde Babahoyo: “Hace algunos meses que estoy muy enfermo y los doctores dicen que no me recuperaré completamente hasta que no me traslade a la costa”. Su carta ha sido ignorada por la historia de nuestro país. En ella se menciona que Olmedo fue el impulsor de la Revolución Marcista. ¿Cómo podría haberlo sido si, menos de dos meses antes, expresó estar gravemente enfermo?

En 1846, estando en Paita tratando de aliviar sus graves problemas estomacales, recibió instrucciones del gobierno de viajar a Lima para traer los restos mortales de La Mar. No tuvo éxito, ya que el gobierno peruano no aceptó la solicitud de Ecuador, debido a que La Mar era un héroe en el país vecino. El 20 de julio escribió a su hijo José Joaquín: “Por la carta de tu madre, sabrás que he estado muy enfermo; ahora estoy mucho mejor y casi recuperado”. Regresó a Guayaquil con su salud seriamente deteriorada. Olmedo falleció en 1847.