Opinión

La emigración a Europa como alternativa a la desesperación en Gaza

Saud Abu Ramadán

(EFE)

 GAZA. Miles de jóvenes palestinos de Gaza albergan la esperanza de emigrar algún día a los más prósperos países europeos como solución a la desesperación que viven en la Franja, una posibilidad que muchos han intentado ya y por la que han pagado con sus vidas.

 La desesperación cunde, sobre todo, entre los hombres y mujeres de entre 18 y 30 años, según estudios difundidos por las ONG Adameer y el Centro Palestino de Derechos Humanos, que asevera que los jóvenes han perdido toda esperanza desde la pasada guerra entre las milicias encabezadas por Hamás e Israel, en la que murieron más de 2.200 palestinos y 73 israelíes.

La devastación provocada, la pobreza masiva y la falta de horizonte para alcanzar una paz negociada son los catalizadores de una esperanza que tiene puesta la mirada en el masiva flujo migratorio de los últimos meses desde Siria e Irak.

Mohmed Abdul Rahman, de 25 años, es uno de los jóvenes palestinos que el año pasado consiguió abandonar la Franja y llegar hasta Alejandría para abordar una de esas precarias embarcaciones que a diario se dirigen a Europa desde los países del sur y este del Mediterráneo.

Para su desgracia -o quizás fortuna, según se mire por los riesgos que entraña el viaje-, fue detenido en Egipto y devuelto a la Franja.

«Ahora tengo un visado para ir a Turquía, estoy esperando que se abra el paso de Rafah con Egipto (…) y desde Turquía trataré de colarme en algún país europeo», dice a Efe Abdul Rahman, que sueña con llegar a Suecia.

No es el único. Como él hay decenas de miles en Gaza que no soportan más las consecuencias del bloqueo impuesto por Israel desde 2007, cuando el movimiento Hamás se hizo con el control de la Franja y expulsó a las fuerzas del presidente Mahmud Abás.

Controlada por los islamistas, tres guerras han asolado desde entonces este territorio de 365 kilómetros cuadrados, en el que la mayor parte de sus 1,9 millones de habitantes viven castigados por altísimos niveles de pobreza y desempleo.

Salir de él es sólo posible con permisos especiales debido a las restricciones fronterizas de Israel y Egipto.

«Egipto mantiene Rafah cerrado por largos períodos. Lo intenté por el paso de Erez, pero Israel me negó el paso por tener menos de 35 años», afirma a Efe Hasan Ahmed, otro joven, de 24 años, en la misma situación.

Con argumentos parecidos a los de Abdul Rahman, Ahmed se queja de que en la Franja no puede encontrar trabajo y que él sólo quiere: «Construirse un futuro mejor, casarse, tener una casa…».

«Aquí, la mala situación económica me tendrá así (sin trabajo) durante años», se lamenta.

La desesperación alcanza unos niveles tan altos que muchos han preferido asumir los riesgos del viaje a quedarse en Gaza.

En septiembre de 2014, 160 emigrantes de la Franja estaban en el barco que se hundió frente a las costas de Alejandría cuando trataba de llegar a Italia. Quince gazatíes murieron en el hundimiento.

El grupo de derechos humanos Adameer instó al fiscal general del Gobierno de Hamás a que abra una investigación y lleve a juicio a los traficantes que les ayudaron.

Pero ni los riesgos, ni los varios meses que setenta miembros del grupo pasaron bajo arresto en Egipto, parecen suficientes para frenar este fenómeno.

«Las principales razones que obligan a la gente, sobre todo a los jóvenes, a emigrar de Gaza a Europa son las difíciles condiciones de vida, el creciente desempleo y los índices de pobreza, que son de los más altos del mundo», explica a Efe Raji Sorani, director del Centro Palestino de Derechos Humanos.

Los jóvenes creen que la situación económica nunca cambiará y que los pasos con Israel y Egipto nunca se abrirán, por lo menos no «mientras persista la división interna entre Hamás y Al Fatah», el movimiento que encabeza el presidente Abás.

«No creo que Hamás, que controla Gaza, y Al Fatah, que controla Cisjordania, pondrán fin algún día a sus disputas y se reconcilien, por lo que supongo que la situación empeorará en los próximos tres años», señala Omer Shabán, veterano analista político y económico y director local de la ONG Pal-Think.

Este experto cree que el número de emigrantes seguirá creciendo en tanto la coyuntura política y económica no cambie.

«Si la situación en Gaza fuera buena, nunca pensaría en abandonarla», asegura Mohamed Abu al-Kheir, otro gazatí de 24 años al que, despedido de un taller mecánico tras la última guerra, no ha quedado más remedio que trabajar de ayudante en un kiosco de café y te junto a la playa.

El sueldo, para mantener a su mujer y su hija de dos años, por diez horas de trabajo al día: 20 shékels (5,15 dólares o 4,8 euros).

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