Opinión

La economía y el Estado

Autor: Marcos Ibazeta Marino – Perù.

Nos hemos venido acostumbrando a una letanía que reproducen con entusiasmo muchos medios de comunicación social en relación con la presunta necesidad de un cambio de modelo económico y, por ende, de una modificación constitucional para convertir al Estado promotor en un Estado empresario.

Argumentan que un Estado promotor, sometido a las reglas del mercado, no genera riqueza sino para los ricos, pero sí mayor pobreza para los pobres, lo cual es una majadera falacia.

Todo se mueve alrededor del Estado. Los medios de comunicación sobreviven con la publicidad estatal cuyo millonario volumen hasta puede comprometer la línea editorial y periodística de la mayoría de los medios que buscan no enemistarse ni con el Estado ni con sus funcionarios, salvo en cuestiones accesorias que les permita alegar una actividad crítica que no lo es.

Los dueños de los instrumentos de producción no colocan su avisaje en medios de oposición con el ánimo de tener asegurado su flanco fiscal y, a la vez, estar en el bolo de las contrataciones con el Estado que les proporciona pingües ganancias.

El Estado diseña sus políticas en servicios, infraestructura y demás inversiones propiciando la competencia entre proveedores e inversionistas, para lo cual solo debe generar una plataforma de estabilidad jurídica y seguridad ciudadana con orden y controles eficaces.

No depende si el Estado es promotor o es empresario sino, esencialmente, si el sistema de gobernabilidad y gobernanza son eficaces para lograr los fines del Estado con gente eficiente y honesta.

Tampoco es garantía de redistribución social adecuada si el aparato estatal es promotor o empresario, todo depende de la política general de desarrollo y los planes de gobierno que se pongan en ejecución.

La experiencia histórica con los gobiernos totalitarios que hemos tenido es que la honradez no es patrimonio de un Estado empresario ni de un Estado promotor. Los ladrones están en cualquier sistema, simplemente que en un Estado empresario hay buenos resultados en el corto plazo porque el dinero público se invierte sin mayores obstáculos, convirtiéndose en una pesadilla de corrupción y gasto sin retorno del mediano a largo plazo.

La prioridad en este momento es elevar hasta la enésima potencia a los sistemas de control e intercontroles, internos o externos, y exigir políticas claras de desarrollo económico y social.
Sobre esa base hay que ir a una verdadera revolución educativa que nos proporcione genios generadores de riqueza.