Internacional

La dimisión del portavoz ahonda la crisis en el entorno de Trump

Spicer estalla tras nombrar el presidente jefe de Comunicación a un donante de su campaña electoral

ESPAÑA. Seis meses después, el entorno de Trump en la Casa Blanca navega a la deriva, en una tormenta que no cesa. La dimisión este viernes de Sean Spicer, portavoz y encargado de comparecer diariamente ante los periodistas para dar cuenta de la agenda del presidente, no es sino el estallido anunciado de una olla a presión. El nombramiento como director de Comunicación de Anthony Scaramucci, amigo personal y habitual defensor de Trump en las tertulias televisivas, llevó a Spicer a activar la espoleta con su renuncia. En medio del caos, de un continuo tira y afloja que no ha ayudado a contrarrestar la inquietante investigación sobre la trama rusa, la irrupción de Scaramucci, ejecutivo de Wall Street, donante de la campaña de Trump y bien relacionado con su hija, Ivanka, y su yerno, Jared Kushner, no gusta a casi nadie en la Casa Blanca.

El protagonismo del dimitido Spicer en la portavocía ya había perdido fuelle. Sus comparecencias, más esporádicas en beneficio de su adjunta, Sarah Huckabee, hija del veterano político conservador y que sucede ahora a Spicer en el cargo, habían generado polémica por su decisión de no permitir el acceso a las cámaras de televisión en directo. Su objetivo, buscar la menor distorsión del mensaje presidencial. Su vehemente irrupción también proyectó una imagen jocosa, de personaje de humor, en programas televisivos como Saturday Night Fever.

Paradójicamente, esa proyección le había granjeado audiencia, y, con ella, el favor del presidente. Pero su reciente caída en desgracia no era desconocida en la Casa Blanca. La reciente entrevista que Trump concedió a The New York Times, de la que no tuvo conocimiento Spicer hasta su publicación, hizo presagiar en su entorno un adiós inminente.

Ayer, el anuncio oficial de Trump de nombrar a Scaramucci, en sustitución de Mike Dubke, quien cesó hace mes y medio, llevó a Spicer a la renuncia. En el Ala Oeste de la Casa Blanca, la Comunicación, con la Estrategia y la jefatura del Gabinete, es un cargo estratégico, enfocado en impulsar la agenda presidencial. De ese cargo depende, entre otros, la portavocía. Aunque Spicer no es el único crítico con el recién llegado. Tampoco es bien visto por Steve Bannon, asesor presidencial e influyente ideólogo del trumpismo, ni por Reince Priebus, jefe del Gabinete.

El atolladero ruso

Si su equipo más cercano no sale del tumulto, el de abogados tampoco. Lejos de atender la demanda de sus seguidores de trabajar en una defensa calmada y silenciosa sobre la trama rusa, Trump sigue actuando a tumba abierta: idilio político con Vladímir Putin, advertencias al responsable del Consejo Especial por indagar en su imperio y escarnio público de su Fiscal General por recusarse.

No resulta extraña la dimisión del portavoz del equipo legal, el republicano Mark Corallo, ni el relevo de su abogado personal Mark Kasowitz, por John M. Dowd, un veterano experto en sacar del atolladero a los criminales de guante blanco. La nueva estrategia consiste en explorar todas las opciones preventivas para eludir el proceso al presidente. (ABC/LA NACIÓN)