Opinión

La democracia costarricense, carente de ética y moral en su función pública

Esa Costa Rica del Bicentenario como democracia representativa, debe encaminar el desarrollo de éste Gobierno de Unidad Nacional, hacia la búsqueda de instrumentos éticos y morales dentro de su función pública, los cuales le permitan implementar mecanismos adecuados para incorporar y poner en práctica, eso que conocemos como el ejercicio del deber ser y principalmente en relación a los mínimos de Justicia Tributaria que aplicada de la forma correcta, constituyen la base de todo Estado Social de Derecho en constante desarrollo y evolución.

Porque el Bien Común, siempre ha sido considerado el fin último al que aspiren todos los integrantes de la sociedad y no solo una parte privilegiada de éstos, como consecuencia de un Neoliberalismo que interconecta a todos los estratos de la población solo por razones económicas, en éste Mundo globalizado y donde cada vez más una parte de la ciudadanía, exige una menor intervención por parte del Estado.

De ésa forma la falta de ética y moral en éste país, constituyen un serio deterioro para la democracia más antigua de América Latina, cuando una parte de sus funcionarios públicos en los tres poderes del Estado, al igual que en las principales universidades públicas, se dedican a resguardar sus propios intereses corporativos desde los diferentes gremios en los que militan, cuando constituyen en infranqueable y perpetuo un estado de confort, sustentado y consolidado gracias al erario público que terminamos pagando todos.

Sin embargo, existen costarricenses que consideran mal visto evidenciar la corrupción institucionalizada que campea en todos los ámbitos del quehacer de ésta República. Porque es más fácil mirar hacia otro lado o soñar con que todo tiempo pasado fue mejor, cuando la verdad es que no existe voluntad política y menos un compromiso que estimule la conciencia social, para enfrentar a los gremios de delincuentes de cuello blanco, principales responsables de ésta debacle fiscal que está sumiendo en la ruina al “país más feliz del Mundo”.

 

Es importante señalar como éste Gobierno de Unidad Nacional, ha insistido en capitalizar la excelencia académica de sus funcionarios en las instituciones estatales, como un sello de compromiso y servicio al desarrollo de Costa Rica, pero mostrando solo una cara de la moneda, debido al doble discurso en relación con sus políticas públicas en aras de una sociedad más progresista y menos excluyente, cuando en realidad el país evidencia una decadencia en diversos ámbitos de su aparato institucional, mostrando una polarización, además de fragmentación en varias de sus dependencias, enfrentando de ésta forma los espectros tanto políticos como sociales, junto al económico y hasta religioso, como fichas de un tablero en donde el país es lo que ésta en juego.

Por ello, ha llegado el momento de ser congruentes con el discurso y predicar con el ejemplo en lugar de utilizar la retórica y demagogia, para no efectuar los cambios pertinentes y necesarios al proyecto de reforma fiscal, el cual debería de aplicar una verdadera Justicia Tributaria con mayúscula.

Los economistas versados en el tema saben lo que se debe corregir, aunque aun así nadie quiere asumir las responsabilidades del caso, para enfrentar a los nuevos delincuentes y saqueadores del Estado que ahora se arropan en sus pretendidos “autogobiernos en el ámbito judicial y consolidadas autonomías universitarias” las cuales, se interpretan según lo que les conviene al defender sus privilegios en una urdimbre de diatribas.

 

Fuente: elmundo.cr.