Opinión

La decisión: Brasil 2018

JESÚS E. MAZZEI ALFONZO. El resultado electoral, de acuerdo a las últimas encuestas, es que vencerá en la segunda vuelta holgadamente Bolsonaro, con un porcentaje cercano al 59%.

 

Estamos a tres días de las elecciones de Brasil, el próximo 28 de octubre y el panorama aparentemente está despejado para que triunfe el exoficial del ejército brasileño y diputado Jair Bolsonaro, en un porcentaje del 60% o más, de acuerdo a mis modestas estimaciones.

 

Por qué los brasileños van a votar aparentemente de esta manera. Por un lado, el centro político, que estuvo girando alrededor del MDB, PSDB, DEM, PSB, PTB, prácticamente ha desaparecido, se polarizó a la derecha, donde hay un espectro de votantes de clase media, de alta educación y que se concentra en la región sur y sureste fundamentalmente.

 

Asimismo, el voto del PT, se ha ubicado fundamentalmente en la región nordeste, donde en la primera vuelta gano en nueve estados. También la alta incidencia del voto nulo y abstención que giró alrededor del 21, 5% de acuerdo a las cifras del Tribunal Superior Electoral del Brasil; esto hizo que se polarizarán las elecciones en la primera vuelta en un margen de ventaja de casi 19 puntos de Bolsonaro sobre Haddad. También incidió en la votación o más concretamente en la decisión de votar de las capas medias y altas, por un lado, la corrupción de los últimos años producto de los casos de Lava Jato y Odrebrecht, que ha hecho que la sociedad civil brasileña clame por orden, y una figura que ha tenido un discurso populista de derecha, directo, claro y sencillo, sobre estos problemas, ha logrado calar al seno de la sociedad brasileña harta de lo que ha sucedido en los últimos 15 años.

 

Una académica brasileña, la politóloga Fátima Pacheco Jordão, cree que la apatía electoral refleja un descontento con el sistema político. “La población no logra ver en los líderes políticos lo que buscan”, dice. Percibe una fuerte tendencia popular a reivindicar otras formas de democracia, pero sostiene que “es probable que la población pida una mayor participación en un sentido plebiscitario, pero es probable que las élites prefieran hacer una reforma política”. Esto es interesante porque una encuesta publicada en la prensa brasileña el viernes pasado 19 de octubre, exponía que los brasileños veían en un 55% un peligro inminente de una dictadura, pero a pesar de ello se mostraban confiantes en la democracia y sus recursos para salir adelante en este momento tan difícil.

 

El resultado electoral, de acuerdo a las últimas encuestas, es que vencerá en la segunda vuelta holgadamente Bolsonaro, con un porcentaje cercano al 59%, y Haddad sacará un 32% aproximadamente. Dependerá de si los partidos que apoyaron a Geraldo Alckmin, Ciro Gomes y Marina Silva le trasladan los votos a Haddad para que venza en segunda vuelta el 28 de octubre. Por la decisión de sus respectivos directorios, que dieron margen de libertad a sus respectivos militantes de votar por el que prefieran y además, Ciro Gomes dio un apoyo crítico, y Fernando Henrique Cardoso con la auctoritas política y ética que posee, no apoyará a ninguno de los dos, y además, siendo muy crítico con el PT en su accionar político en los últimos años, de acuerdo a como lo reseña un extraordinario artículo que recomiendo leer del pasado 19 de octubre en El País de España.

 

El próximo gobierno se enfrentará a un escenario que propone una verdadera reflexión y reformas al sistema político; en forma profunda, los dos candidatos firmaron un acuerdo en que respetarán la Constitución vigente de 1988. Aunque no sea a través de un gobierno de coalición, este camino buscará la moderación y la convergencia con sectores moderados del nuevo Legislativo, impulsando reformas con el apoyo de la opinión pública (escenario deseable). Aunque el Congreso quedó muy fragmentado, el PSL tendrá que buscar apoyos en el DEM, el PSDB, MDB para configurar quién será el nuevo presidente de la Cámara de Diputados, donde el hijo de Bolsonaro buscará la presidencia de la Cámara, pero hay un impedimento, él no puede estar en la línea sucesoral en la tercera posición (el que sigue es el vicepresidente) por su relación filial y para sus proyectos legislativos.

 

Otro camino es un gobierno tradicional de coalición, sea de centroizquierda o de centroderecha, que pueda resistir el mandato emparchando ciertas legislaciones y que hasta pueda traer cierta estabilidad, pero que no buscará discutir los problemas de fondo.

 

Y el camino más duro es la radicalización y el populismo, y Brasil tiene como perspectiva la gobernabilidad interpartidista, producto de un nuevo acuerdo de coalición presidencial que otorgue sustento al sistema político brasileño y que hace más de 35 años fue dibujado informalmente, desde 1984, alrededor de seis partidos políticos: PMDB, PSDB, PFL, PSL, PSB y PT. Esa gobernabilidad interpartidista habría que recomponerla alrededor de una formación emergente, el Partido Social Liberal (PSL), que tiene la segunda banca más poderosa de la Cámara de Diputados. Como en otros países de América Latina, Brasil requiere de un acuerdo de gobernabilidad estable y eficiente (para aprobar reformas a la seguridad social, la fiscal y la tributaria, entre otras medidas). Veremos qué pasa este domingo 28 de octubre.

 

Fuente: El Universal