Economía

La debacle del euro contra el dólar redobla la presión para que el BCE suba los tipos de forma inminente

La presión sobre el Banco Central Europeo para que comience a subir los tipos de interés es cada vez mayor y llega por diferentes frentes. Por un lado, el IPC sigue en máximos de la corta historia del bloque. Por otro, mirando algo más al futuro, los precios de producción industrial (tardan unos seis meses en trasladarse por completo al IPC) siguen marcando nuevos máximos. Por si esto fuera poco, ahora se le une la debilidad del euro, que amenaza con disparar los precios de importación (muchos de ellos denominados en dólares) y sumarse a la presión inflacionaria. El BCE no apunta directamente al tipo de cambio, pero sí lo tiene en cuenta por su posible impacto en la inflación, como ya reconoció años atrás, aunque por motivos opuestos a los actuales. Esta vez sí, el BCE tiene que actuar.

La invasión de Rusia a Ucrania ha supuesto un duro golpe para la cotización del euro. A esta debilidad del propio euro que se puede observar en el índice que pondera el tipo de cambio de la divisa única con una cesta de las monedas más importantes, se le une la fortaleza del dólar (se prevé una Fed relativamente más agresiva, una economía que crecerá más y su función como activo refugio). La combinación de ambas tendencias divergentes ha generado una tormenta perfecta para el euro en su cruce contra la divisa americana. Algunos analistas, como los de Commerzbank, están proyectando escenarios en los que el euro cae hasta la paridad con el dólar o incluso por debajo (la última vez que el euro y el dólar valieron lo mismo fue en 2002).

“Actualmente, el euro está sufriendo mucho por la incertidumbre sobre los futuros acontecimientos en torno a la guerra de Ucrania. Después de todo, la espada de Damocles de una crisis energética pende sobre la UE, sobre todo si decide implementar un embargo de las fuentes de energía rusas o si la parte rusa interrumpe el suministro de energía que envía a Occidente de forma generalizada. En ese caso, el euro caería por debajo de la paridad con el dólar”, advierten los expertos de Commerzbank en su informe semanal.

No obstante, aunque la crisis energética aún no sea una realidad completa y absoluta, “este riesgo ya está debilitando la moneda europea”. A su vez, esta depreciación del euro vuelve a retroalimentar la subida de los precios. Una buena muestra es el índice de precios al productor (IPP) que esta semana ha vuelto a alcanzar un máximo histórico tras presentar una tasa de variación del 36,8% interanual, mientras que la mensual supera el 5%.

En su cruce contra el dólar, el euro acumula ya cuatro meses consecutivos a la baja. Desde diciembre, la caída contra el ‘billete verde’ supera el 7,6%. El euro ha llegado a perder los 1,05 dólares en los últimos días, unos niveles que no se veían desde principios de 2017. A primera vista, la caída del euro podría parecer una bendición para el bloque, puesto que abarata en términos relativos los bienes y servicios ‘made in Eurozone’, lo que en teoría debería permitir un auge de las exportaciones y una mayor cuota de mercado. Pero esta vez, con la inflación ya disparada, el perjuicio puede ser mayor que el beneficio, lo que forzaría al BCE a actuar para evitar que las expectativas se desanclen.

El euro: un arma de doble filo

William De Vijlder, economista de BNP Paribas, señala en un comentario para clientes que “a primera vista, la importante depreciación del euro parece una bendición para el BCE y la Eurozona. A través de su efecto mecánico sobre los precios de importación, debería eliminar cualquier duda que quede sobre la necesidad de aumentar los tipos de interés”. Mayor demanda externa (exportaciones) y unos precios más elevados (importaciones) ponen en bandeja la subida de tipos del BCE. Pero como de costumbre, todo lo que pasa en la Eurozona parece tener un doble filo que termina hiriendo a la economía.

El experto de BNP Paribas comenta que “tras una inspección más cercana, existe la preocupación de que un euro más débil, a través de su efecto sobre la inflación y, por lo tanto, el poder adquisitivo de los hogares, termine pesando sobre el crecimiento”. No obstante, para impedir que el euro siga depreciándose, la única opción a corto plazo es que el BCE sea más agresivo con su política o que la guerra termina cuanto antes. Al final, todos los caminos parecen conducir a un endurecimiento de la política monetaria.

¿Hasta dónde llegarán los tipos?

“En general, un aumento de la tasa de depósito en la segunda mitad del año parece una certeza, pero la verdadera pregunta es sobre la intensidad (si 10 puntos básicos, 25 o 50) y cuándo llegarán los aumentos posteriores de la tasa. Esto dependerá de cómo se desarrollen las perspectivas de inflación”, explica el experto de BNP Paribas.

Por ahora, los mercados descuentan nueve subidas de 10 puntos básicos para este año, una expectativa que parece exagerada a todas luces, puesto que dejaría el precio del dinero en el 0,3% positivo en la zona euro, un cambio demasiado brusco para un continente tan endeudado y en el que el riesgo de fragmentación sigue siendo elevado, según advierten los economistas de Unicredit.

James Knightley, Carsten Brzeski y James Smith, economistas de ING, creen que el BCE tiene muchas razones para adelantar la subida de tipos a julio y entre ellas la debilidad del euro es de las que más peso tiene. Estos expertos destacan que los mensajes de los ‘halcones’ (defienden una política monetaria más restrictiva) han sido más en cantidad y calidad, mientras que las ‘palomas’ (defienden más estímulos y tipos bajos) parecen estar arrinconadas, con menos intervenciones que en otras ocasiones. Es como si el Consejo de Gobierno hubiera mutado de ‘paloma’ a ‘halcón’ en cuestión de semanas.

Estos economistas destacan que “la renovada debilidad del euro va a obligar al BCE a elevar las proyecciones de inflación para 2023”, lo que sin duda debería motivar una posición más dura del banco central. Aunque el BCE ha señalado en varias ocasiones que el tipo de cambio no es un objetivo (en 2020 el problema fue la fortaleza del euro), sí reconocen que es fundamental para la inflación a medio plazo. Por otro lado, “la reunión del BCE de julio será a finales de mes (21 de julio), lo que le da al BCE un amplio margen entre el fin de las compras netas de activos (QE) y la primera subida de tipos”, sostienen desde ING.

De modo, que tanto los expertos de ING como los de Commerzbank creen que se producirá una subida de tipos ya en la reunión de julio (en dos meses). Los analistas del banco alemán apuntan que el alza del precio del dinero podría ser de 25 puntos básicos, a lo que habría que sumar otras dos subidas en lo que resta del año. El tamaño de las otras dos subidas dependerá de cómo vayan evolucionando los acontecimientos en la guerra y en los precios energéticos.

Fuente: Revista El Economista