Opinión

LA CULTURA DEL AHORRO

Ing. Com. Lilian Alarcón Portoviejo/Ecuador

 

 

 

La cultura del ahorro se vuelve especialmente relevante en tiempos de crisis, donde la estabilidad económica puede verse amenazada por el endeudamiento o el sobre-endeudamiento. En estos periodos, la capacidad de ahorrar no solo se convierte en una estrategia financiera inteligente, sino también en un medio para garantizar la seguridad y entereza ante las adversidades económicas.

El ahorro proporciona un colchón financiero que puede actuar como salvavidas en momentos difíciles. La incertidumbre económica durante una crisis puede llevar a la pérdida de empleo o a la disminución de ingresos. Aquellos que han cultivado la cultura del ahorro están mejor aprovisionados para enfrentar estos desafíos, tienen recursos disponibles para cubrir sus necesidades básicas mientras buscan soluciones a corto, mediano o largo plazo.

Según el INEC, del gasto corriente total de los hogares ecuatorianos, el 77,2% es monetario y el 22,8% no monetario. Del gasto monetario, el 97,6% es gasto de consumo. Otro dato clave es que el 58,8% de los hogares tiene capacidad de ahorro, mientras el 41,1% de hogares tiene mayores gastos que ingresos. Estos datos nos indican que parte de la población ecuatoriana privilegia el consumo y no da importancia al ahorro, prefieren adquirir otros televisores, y electrodomésticos más modernos olvidándose que el gasto debe ser menor o igual a los ingresos.

Jaime Carrera, director del Observatorio de la Política Fiscal, asegura que este comportamiento de la población no es adecuado para el nivel de crecimiento de una economía. «Un país que mucho consume no ahorra, y si no ahorra no invierte, y si no invierte no produce y no crece», resume Carrera.

No obstante, es crucial destacar que fomentar la cultura del ahorro no solo recae en la responsabilidad individual, sino también en la promoción de políticas públicas que la faciliten programas de educación financiera, incentivos fiscales para el ahorro y medidas que promuevan la inclusión financiera como elementos clave para cultivar esta cultura a nivel de sociedad.

Entonces, es necesario promover la autonomía y la independencia económica. Las personas que han internalizado este hábito son menos proclives a caer en la trampa del endeudamiento excesivo, lo que a su vez reduce la vulnerabilidad financiera ante eventos imprevistos. En tiempos de crisis, donde las instituciones financieras pueden enfrentar desafíos, depender únicamente del crédito puede resultar tremendamente riesgoso.

Fomentar la educación financiera y establecer políticas que incentiven el ahorro son pasos fundamentales para construir una sociedad más resistente y preparada para enfrentar los desafíos económicos que puedan surgir en tiempos difíciles.