Opinión

La Contramarcha

Juan Javier Campoverde

jj_campoverde@hotmail.com

@JuanCalambre

Actualmente vivimos en tiempos en que el derecho a la resistencia y la descriminalización de la protesta social están expresamente contemplados en la Constitución. Después de instaurar un marco legal y condiciones apropiadas para un verdadero estado de derecho, donde las minorías tengan la oportunidad de, al menos, ser escuchadas; cualquiera esperaría que el gobierno actual actúe en consecuencia.

Ser consecuente significa rescatar la intención primordial a la que apuntan estos derechos: evitar la violencia en cualquier manifestación ideológica. Es la manera pacífica de fomentar la diversidad de opiniones en una democracia. Pero si se pierde de vista esta intención, lo que era una propuesta vanguardista se convierte en charlatanería.

Esta reivindicación del derecho a protestar, en lugar de fomentar diálogos políticos, ha permitido que se instaure en Ecuador la cultura de la contramarcha. Apenas salen unos a marchar contra el régimen, y éste convoca una marcha de respaldo.

No solo eso, en este gobierno el espíritu de la contramarcha avanza hasta por medios de televisión incautados. Es inaudito que se haya utilizado el espacio de la inauguración de la Copa América 2015 para pasar una nota aclaratoria, pagada por todos. En ella, el gobierno se tomó la molestia de contestarle a los opositores, con nombre, apellido, e imagen congelada en la pantalla, las falencias de sus reclamos.

Si el gobierno desea convocar una marcha de apoyo, de acuerdo; pero no ha de hacerlo el mismo día de la marcha en contra. Y si la gente se auto convoca para el mismo día, un líder responsable y consciente del respaldo mayoritario del que se jacta, sabrá que su gente se quedará en casa si se lo pide. Y debe pedirlo. Porque lo contrario es enviar dos multitudes hacia un choque violento.

Estas marchas de apoyo, o contramarchas, han tomado fuerza estos años. Y a pesar de que el presidente sabe que goza de apoyo suficiente para reírse de todos, su forma de reír no es política sino humana, y eso es un defecto si se es Jefe de Estado. Porque es como picarse. Es actuar como Quico y sus juguetes grandes en la vecindad del Chavo.

Un líder que ya no debe buscar posicionarse como tal, porque alcanzó el máximo liderazgo y gobierna un país; pierde tiempo y esfuerzo si se dedica a contestar en lugar de gobernar. Y peca de imprudente si no acepta que permitir a la minoría protestar las veces que quiera, no solo es conveniente sino necesario para mantenerse en el poder.

Hacer una contramarcha puede tener muchos sentidos e intenciones, pero una sola consecuencia segura: confrontación. Alzar la bandera de la no violencia, y al mismo tiempo convocar a contramarchas, es el peor abuso de poder; porque es desconocer conscientemente que se programa un conflicto.

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