Opinión

La Colonia de Nueva York

Leonardo Escobar

leonardoescobarb@hotmail.com

Ahora que han terminado las fiestas e iniciado el nuevo año, la gente del mundo occidental se encuentra en un estado de recuperación, tanto física como monetaria. Estos días son relajados, incluso en la ciudad que no duerme; los bares, clubs y restaurantes, las calles y avenidas, no han visto la misma vida nocturna que es usual en la metrópolis mundial que es Nueva York –ni aún con uno de los inviernos más cálidos en su historia, con un clima que a días resulta como el de la sierra andina.

Sin embargo todos vuelven a la rutina, y esto es cierto para un grupo de patriotas que reside mayormente en el Bronx. Una colonia de ecuatorianos que llevan toda una vida laborando lejos de la mitad del mundo; ellos son una de aquellas demostraciones de lo que compone y significa la sociedad estadounidense: emigrantes que llevaron su cultura a la nación que las aglomera a todas y las suelda en una, pero siempre conservando su identidad.

Este sentido de perpetua pertenencia es lo que los lleva a formar su propio clan, una comunidad que se apoya, sustenta y congrega con diaria frecuencia. Y por supuesto necesitarían un punto común, el cual existe en la forma de El Líder, Bar & Rest, uno de los establecimientos preferidos por el cuasi-gremio de compatriotas, donde atienden de forma religiosa para comer su respectivo ceviche, seco de chivo, caldo de bola o lo que la casa ofrezca como almuerzo del día, siempre por esa sazón verídica.

La fidelidad al arte culinario de nuestro Ecuador va acompañada de esa astucia y exceso de imaginación típica con la que se vacilan los unos a los otros, que con la llegada de personajes como Onetwothree, Chuki y otros que blanden apodos únicos o peculiares, hacen candela al rato de hablar. Ya sea que explote la guerra entre los hinchas del Bombillo y el Ídolo, o se trate de un chisme sobre el vacile-romance más reciente, o todos los temas que van después de estos eternos titulares, el alboroto y la euforia no faltan a la hora de almorzar.

Gracias a Celso Orellana, o Danny, que nos reúne con estos personajes fuera de serie cada vez que nos encontramos en la Gran Manzana, podemos experimentar la comedia y la melancolía de la colonia. Y Celso, quien maneja el taller Danny’s Auto Hospital, es un hombre clave para conectar con todas estas figuras provenientes, en su mayor parte, de la cosa ecuatoriana.

Estos días, todos esos hombres y mujeres que hace tanto dejaron su tierra de nacimiento (pero la cual no dejan de visitar cada vez que tienen el tiempo y los medios), vuelven a surcar las calles del centro del mundo, reparando la billetera luego de navidad y fin de año, ya sea taxeando, cocinando, sirviendo los tragos, reconstruyendo, manejando sus propios negocios, o cualquiera que sea la índole de su oficio. Pero todos orgullosos y arduos trabajadores, muchos con una larga franja de tela, con los colores de la bandera y el escudo, adornando la parte frontal interna de su auto, recordándoles ese lindo Ecuador.

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