Opinión

La clave para una vida plena

Por: Yovana Cárdenas Lino

Desde Lima, Perú, para La Nación de Guayaquil, Ecuador.

 

En nuestra vida cotidiana, nos encontramos frecuentemente inmersos en la rutina de planificar y organizar. Nos sentimos seguros cuando creemos que tenemos el control de nuestras vidas y proyectos. Sin embargo, esta sensación de control puede ser ilusoria, ya que la vida es impredecible y muchas veces escapa a nuestro control. Es aquí donde la fe y la confianza en Dios juegan un papel crucial.

Incorporar a Dios en nuestros planes no es solo una cuestión de fe, sino también de humildad y sabiduría. La Escritura nos recuerda en Santiago 4:15: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o lo otro». Este versículo subraya la importancia de reconocer la voluntad de Dios en nuestros planes. Al hacer esto, no solo mostramos nuestra dependencia de Dios, sino que también nos alineamos con su voluntad y propósito para nuestras vidas. La paz que obtenemos al confiar en que todo está en sus manos es incomparable.

Otro aspecto fundamental de vivir una vida guiada por la fe es la aceptación y valoración de las personas que Dios pone en nuestro camino. Jesús nos enseñó a valorar y respetar a todos, ya que cada persona tiene un propósito y un lugar en el plan divino. La frase, «El que no está contra nosotros está a favor nuestro» (Marcos 9:40), nos muestra el bien en los demás y a trabajar juntos en armonía, independientemente de nuestras diferencias.

La Madre Teresa de Calcuta nos enseñó a ser instrumentos en las manos de Dios, como un lápiz que Él utiliza para escribir su historia a través de nosotros. Es así la importancia de la humildad y la disponibilidad para servir a los demás según la voluntad de Dios. Ser «un pequeño lápiz en las manos de Dios» implica dejarnos guiar por su amor y sabiduría, confiando en que Él nos llevará por el camino correcto.

El Espíritu Santo nos guía y nos da la fuerza para cumplir esta misión. Debemos recordar siempre que todos estamos en el mismo barco, trabajando juntos para continuar la obra que Jesús comenzó. La diversidad de dones y experiencias en la Iglesia no es una debilidad, sino una gran fortaleza que nos permite llegar a más personas y llevar el mensaje de amor y esperanza a todos los rincones del mundo.