Opinión

La CIDH y el caso contra Diario EL UNIVERSO…

Por: Mario Ponce Lavalle – Quito

La querella penal que trabó en febrero de 2011, el entonces presidente de la República, Rafael Correa D., en contra de los directivos del Diario EL UNIVERSO, señores Pérez Barriga y Pérez Lapentti y de su jefe de Opinión, el columnista Emilio Palacio, constituyó el acto más vil e ignominioso de abuso de poder contra ciudadanos comunes, por parte de una autoridad que se SUPONE DEMOCRÁTICA, debido al simple hecho de haber expresado una opinión.

La “manzana de la discordia” fue el ya célebre e histórico artículo publicado bajo la firma y responsabilidad de Emilio Palacio, “No a las mentiras” (www.eluniverso.com) donde el autor se refiere, utilizando su aguda e inteligente pluma, a esa maligna charada que se inventó el correísmo, a la cual bautizó como 30-S; episodio que aquel régimen de propaganda castro-chavista, estiró y estiró como un chicle mediático durante largos años, para victimizar a Correa Delgado, cuando la única realidad fue: que haberse metido “a lo Supermán” dentro de un cuartel policial enardecido, fue un acto de estupidez temeraria bajo su propia y única responsabilidad, y que aquel show mediático y sus posteriores consecuencias -que incluyeron muertos y un hospital abaleado- lo encasillaron como el más conspicuo “banana presidente”, de la región.

El desarrollo de la querella legal, terminó con un fallo a favor del presidente Correa, quien demandó el pago de 40 Millones de dólares para su bolsillo y 3 años de prisión para los “calumniadores”, argumentando reparación a su honor, supuestamente mancillado (?)

En este punto, cabe tomar en cuenta y recordar, que un par de años antes, Correa en actitud similar, le logró arranchar 600 mil dólares al Banco del Pichincha, por una disputa comercial que, en origen, significaba la irrisoria cifra de 150 dólares aproximadamente… ¿rico no? Queda claro, que en esos días, las “cortes” estaban integradas plenamente por “chupamedias” de Correa -recuérdese el nombre de un Gagliardo y un tal Juan Paredes, que dictó inmediatamente la sentencia, en una sola noche de “arduo trabajo”, sobre un proceso que contenía más de 4.000 fojas y a quien luego descubrieron que la sentencia provenía ya pre escrita, dentro de un pen-drive extraño- y que luego de los fallos, los “chupamedias” fueron “promovidos” a niveles superiores, con descaro y alevosía; habiéndose convertido este hecho, en uno de los argumentos para que los afectados acudan luego ante las cortes internacionales, de acuerdo a los tratados que el Ecuador mantiene vigentes con la comunidad civilizada del mundo.

Aunque Correa se vio forzado a remitir el pago -debido al inmenso rechazo ciudadano y a la unánime opinión internacional en su contra- la sentencia quedó vigente y obligó a Palacio, a pedir asilo político en los EEUU de América, junto a su familia.

Es conmovedor y dramático el argumento del periodista, cuando fue preguntado por la Corte IDH sobre el por qué abandonó el país: “¡Habían matado a diez críticos del Gobierno, yo debía elegir entre la cárcel o la vida, por eso me fui del país”, contestó, lo cual retrata de cuerpo entero no solo al régimen correista sino también, al ambiente que se vivía en el Ecuador durante esos días…!

Hace una semana, la CIDH citó a la audiencia final sobre este caso y allí acudieron las partes representadas por sus abogados. Durante el alegato, las abogadas de la Procuraduría General del Estado, “reconocieron parcialmente la responsabilidad sobre la violación a la libertad de expresión e irregularidades durante el proceso penal contra EL UNIVERSO” y se estima que la SENTENCIA se emitirá durante los próximos 60 días.

Con seguridad habrá reparaciones que el Ecuador deberá asumir, y será una OBLIGACIÓN, no solo legal sino también moral, que el Procurador Iñigo Salvador deberá repetir contra los responsables: llámense Correa, Paredes, Gagliardo, o quien haya sido, responsable de esta atrocidad…

El derecho de libertad de opinión y prensa -dentro del contexto actual de lo que podemos considerar como “medios de opinión”- debe actualizarse y ampliarse, pues los medios digitales, a más de radios, periódicos y televisoras, son hoy por hoy, órganos de difusión masivos y DEBEN estar reglamentadas y cobijadas por una Ley actualizada; a fin de que, nunca más, un presidente autoritario y bravucón y peor aún un dictador tapiñado, como fue Rafael Correa (recuérdese el asalto al Congreso al mejor estilo de Fujimori…) se crea con “derecho” de permitir, que y como nos debemos expresar los ecuatorianos, que somos y seremos: CIUDADANOS LIBRES Y DEMOCRÁTICOS !

Concluyo citando al veedor nominado por la CIDH para este caso, Dr. Pedro Vaca, quien ha dicho:

“La gran paradoja es que a quien cuestionó al presidente se le asignó una etiqueta de criminal y quien desconoció su deber de tolerancia a la crítica, se aseguró de aparecer públicamente como un redentor” … es decir: ¡una bellaquería!