Opinión

La cartera de Lolita

Jorge Gallardo Moscoso/Guayaquil

 

Hay cosas simples que se vuelven, al final de los finales, en lo más importante y trascendente. ´Ahí está el detalle´, diría Cantinflas, al descubrir qué es lo que contiene cada cartera de una mujer, más si tanto mujer como cartera se vuelven una sola, es decir, que no resulta descabellado afirmar que no es posible que una viva sin la otra y con ello se da un especial sentido al quehacer cotidiano; a ese que, definitivamente, jamás está vacío o tiene huecos facilitando los escapes de todo lo que sirve, hace bien, beneficia individual y colectivamente.
Porque si la cartera del diario ir y venir, además del pintalabios, perfume, espejo, pañuelo, gafas, caramelos, chicles, cortaúñas, pluma, libreta, etcétera, tiene un peso considerable, cuánto más podría pesar si se le añade expresiones solo amables para con quien te encuentras, planes y proyectos que van a materializarse prontamente, pensamientos positivos sobre la vida familiar (salud, educación, trabajo), ejercicios para consolidar amistades, deseos y concreciones de servir a los demás. Podría ser bastante más o, mejor, un extraordinario y mágico reductor de peso, que puesto al hombro estimula la paz, alegra el entorno, suma satisfacciones, descarta vanidades y egos odiosos.
Entonces esas mujeres con esas carteras -que casi son todas, porque debe haber excepciones-, dejan huellas por donde caminan. En la casa su paso se marca con la atención amorosa y oportuna a la familia, en el trabajo con el justo trato para compañeros y empleados, con las amistades cercanas en la relación respetuosa y fraternal, con los vecinos en todo cuanto contribuya a la mejor convivencia y brindando atención especial a los más vulnerables. Qué hermoso es ver a una mujer siempre acompañada de su cartera, pero más hermoso aún será descubrir qué más lleva en ella, aparte de sus cosas personales, para la salud y para la tecnología.
Por lo dicho y más imposible será no extrañar a Lolita y su cartera fiel. Ella se adelantó en la partida, pero ya debe estar asistiendo y sirviendo de manera magistral y angelical en el cielo.