Opinión

La carta del empresario que cautivó al Gobierno chino

Paloma Almoguera

@efe

Sentado una noche frente al televisor, Wu Hai, fundador de una cadena hotelera, escuchó al primer ministro chino, Li Keqiang, hablar sobre la modernización de la burocracia y sintió el ímpetu de escribirle una carta sobre las trabas a las que se enfrentan los empresarios. Lo que le sobrevino, jamás lo imaginó.

“No lo pensé mucho, sólo consideré que hacía lo correcto”, cuenta hoy Wu en una conferencia en Pekín, dos meses después de que la carta que publicó la madrugada del 23 de marzo en su cuenta de WeChat -una suerte de WhatsApp e Instagram chino- se hiciera viral con más de 40.000 visitas sólo esa noche.

En la misiva, Wu se dirigía a Li Keqiang y se expresaba con audacia. Definía China como un país dominado por “los grandes hermanos”, en referencia a los altos cargos del Gobierno y a las empresas estatales, quienes, “después de abofetear nuestra mejilla izquierda, nos obligan a mostrar la derecha para otro bofetón”.

Un tono severo que normalmente no es del agrado de las autoridades chinas, por lo que Wu, presidente y consejero delegado de la cadena de hoteles Crystal Orange, empezó a temer que hubiese consecuencias al ver el éxito de su mensaje en las redes sociales.

Efectivamente, las hubo. Pero no las que temía el empresario. Un día Wu recibió una llamada de un portavoz del Consejo de Estado (Gobierno) que le invitaba a participar en una reunión que fue celebrada la semana pasada en el recinto de Zhongnanhai, el equivalente chino de la Casa Blanca.

“Me pidieron que fuera vestido informal… ¿pero qué significa eso cuando vas a Zhongnanhai? Tampoco querían que llevase un discurso preparado”, cuenta Wu sin disimular su asombro.

Allí le esperaban una decena de miembros del Consejo de Estado y otros tantos del Gobierno municipal de Pekín. El hotelero asegura que era el único empresario y que, en alrededor de diez minutos, explicó el contenido de su carta, en la que ridiculiza las arbitrariedades y corrupción a las que se enfrentan las empresas privadas.

Con metáforas y mofas, Wu se ríe de que, para obtener los permisos al montar un negocio, “algunos funcionarios te piden que pruebes que tu madre es tu madre”, y equipara la jerarquía de los cargos oficiales y los empresarios con los roles familiares.

“Los funcionarios del Gobierno son como los hijos legítimos, las empresas estatales los descendientes de las concubinas favoritas, mientras las compañías privadas somos los retoños bastardos de las prostitutas”, reza la misiva.

También denuncia en ella las dificultades a las que se enfrentan las empresas pequeñas y medianas al lidiar con la burocracia y abuso de poder de los gobiernos locales, que detalla con ejemplos sobre cómo algunos funcionarios todavía requieren “regalos” de las compañías en las épocas festivas a cambio de prebendas.

Pero el emprendedor, de 47 años y con 60 hoteles en 20 ciudades chinas, también propuso soluciones: que se definan mejor las regulaciones a las que han de someterse las empresas, especialmente las punitivas si infringen las normas, y que se limite el poder de las autoridades locales en favor de regulaciones nacionales.

Esa fue una de las claves, considera, del éxito de su mensaje.

“Las quejas no funcionan, hacen falta soluciones”, enfatiza Wu en la conferencia, entre ufano y abrumado por la repercusión de su iniciativa, que llegó a leer el propio Li Keqiang, según supo hace unos días.

Hay algo más que ha ayudado al empresario a salir inmune de su impulso de expresarse sin ambages, lo que el régimen chino no ha dudado en reprimir en otros casos recientes, como la detención durante un mes de cinco jóvenes feministas o el arresto ayer a un artista de Shanghái por caricaturizar al presidente, Xi Jinping.

Y es que uno de los problemas que denuncia Wu, el lastre de la burocracia en la innovación, fue admitido por el propio Li Keqiang en su conferencia de prensa anual del pasado marzo, y también después en mayo tras leer la carta.

Además, el empresario cita en la carta lo que es quizás el mantra por excelencia del Ejecutivo de Xi: la lucha contra la corrupción.

No obstante, cuando se le preguntó por los nombres de los funcionarios que pedían sobornos en sus hoteles, Wu dice que se mantuvo callado. “Culpo al sistema, no a las personas”, asegura, y subraya que “el mismo Gobierno puede hacer algo malo, y a la vez resolverlo”.

Optimista y ya consagrado en su negocio, confía en que las cosas mejoren para empresarios incipientes, y tiene claro que su osadía podría haber tenido un resultado distinto en otra circunstancia.

“Envié la carta -matiza- en el momento adecuado”.

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