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La Capilla de San Lorenzo de Roma recupera sus colores originales

La intervención completa la segunda fase del proyecto de restauración del ciclo pictórico sixtino de la Escalera Santa iniciado en 2007 y, para su financiación, el Vaticano recurrió al mecenazgo privado.

ROMA.  La recién restaurada Capilla de San Lorenzo, que ha recuperado el brillo de sus frescos del siglo XVI, deslumbrará a las decenas de peregrinos que, siguiendo la tradición, suban de rodillas los 28 peldaños de la Escalera Santa de Roma.

Decorada por los conocidos como «pintores sixtinos», un grupo de artistas dirigidos por Cesare Nebbia y Giovanni Guerra que fueron convocados por el papa Sixto V para embellecer espacios religiosos, la capilla había perdido el color de los ángeles, paisajes y la central figura de San Lorenzo que la adornan.

La imagen del santo, que decora el altar con su nombre es la más espectacular de las pinturas de la capilla, que también acoge frescos con paisajes de estilo flamenco inspirados en Paul Bril, uno de los artistas flamencos residentes en Italia en el siglo XVI.

Los nueve jóvenes restauradores que han trabajado en el proyecto «han iluminado las obras pictóricas con sus colores originales», celebró el responsable de restauraciones de los Museos Vaticanos, Paolo Violini.

Un trabajo iniciado hace un año y medio que ha sido «lento y minucioso» y que ha consistido en «limpiar todos los frescos y decapar las distintas láminas de pintura acumuladas en distintos intentos de restituir la belleza original».

«En la mayor parte del trabajo hemos utilizado técnicas de restauración tradicionales, aunque en ciertos espacios hemos aplicado reconversiones químicas de colores y limpieza con láser», detalló el restaurador.

Los colores originales que ahora han salido a la luz habían sido tapados por dos capas de pintura, una del siglo XIX y otra de la década de los cincuenta del siglo pasado, además de haber sufrido grietas y humedades.

La intervención completa la segunda fase del proyecto de restauración del ciclo pictórico sixtino de la Escalera Santa iniciado en 2007 y, para su financiación, el Vaticano recurrió al mecenazgo privado.

«El santo padre me ha preguntado cómo personas que no viven en Roma están interesadas en contribuir a la restauración de una obra que está lejana de donde ellos viven», dijo el coordinador internacional de Patronos del Arte, Mark Haydu.

«Yo le contesté -añadió- que la generosidad es una virtud y que estas personas, la mayor parte de las cuales están ahora descansando tras trabajar toda su vida, son conscientes de que no disfrutarán de la belleza de las obras, pero sí lo harán por dejar a generaciones futuras esta belleza».

La Capilla de San Lorenzo es uno de los espacios en los que podrán rezar los peregrinos tras ascender de rodillas los 28 escalones por los que, según la tradición, Jesús subió el Viernes Santo cuando iba a ser juzgado en el Palacio de Poncio Pilato, en Jerusalén.

Traída a Roma en el año 326 por la madre del emperador Constantino, Santa Elena, la Escalera Santa debe su nombre a los 28 escalones que se suben de rodillas para venerar la Pasión de Jesús y expiar los pecados.

El rector de la Escalera Santa, Francesco Guerra, expresó que esta tradición «supone un momento de profunda emoción para los creyentes», que «recuerdan el lugar por donde pasó Jesús, fue condenado injustamente y se sacrificó por todos».

Un recorrido que «ayuda a reflexionar sobre la vida de Jesús» y que está decorado con imágenes que ilustran «la última cena, el Jueves Santo, distintas etapas de la Pasión y la muerte y resurrección».

Situada frente a la basílica de San Juan de Letrán, la Escalera Santa es uno de los lugares de culto que recibirá centenares de peregrinos durante la celebración del Año Santo de la Misericordia convocado por el papa Francisco, que comenzará el 8 de diciembre.

Un Jubileo dedicado a la misericordia pretende ser una experiencia de renovación dirigida también a las diócesis de todo el mundo para ofrecer a la Humanidad «la vía del perdón y de la reconciliación», en palabras de Jorge Bergoglio. (Efe/ La Nación)