Opinión

La Cajita Feliz

María Cristina Menéndez Neale

Cristimenendez85@gmail.com

@CristiMenendezN

 

En una remota y lejana ciudad, existe un kiosco de hamburguesas llamado MacDollar, que también vende papas fritas, hot dogs, empanadas, sopas y postres a un dólar cada ítem.

El kiosco vende todos sus ítems por separado, pero ofrece un sólo combo que es para niños que se llama “Combo de la Cajita Feliz”, en el cual por el precio de cinco dólares, los niños o ciertos adultos que se sienten niños, reciben una cajita de cartón con rayas dibujadas de color rojo y amarillo, y sobre las rayas está impresa la cara de un payaso sonriendo y sosteniendo con sus dientes un billete de cinco dólares.

Dentro de la cajita, entregan una hamburguesa, una porción de papas fritas, un postre, y un muñeco pequeño de plástico que nunca varía; lleva años siendo el mismo y nunca se parece al personaje que imita, en este caso Superman. La cara es algo borrosa y lleva unos lentes dibujados, y la capa es azul al igual que el resto del traje.

En fin… en MacDollar existe una cajita feliz que es infeliz. Esta fue la primera cajita feliz que el kiosco produjo, pero nunca la han despachado. <<No entiendo por qué no me dan todavía la oportunidad de vivir en el exterior junto a un niño, si fui la primera en aparecer. ¡Qué vacía me siento!, y es que adentro no tengo nada>> piensa la cajita de forma constante; pero lo que ella no ha notado es que está en una repisa diferente a las demás; ella está sola, es la caja que tienen en exhibición.

Un día, las cajitas se agotan, y un niño con sus cinco dólares se acerca a MacDollar por el Combo de la Cajita Feliz. El cajero recibe el dinero y se da la vuelta para despacharle el pedido al niño.

–Lo siento, pero se nos agotaron las cajitas –le dice el cajero entregándole el combo en una funda.

–Entonces devuélvanme un dólar, porque haciendo el análisis, cobran cinco; uno por cada ítem de comida, y los dos dólares extras serían uno para el muñeco y otro en la caja que dice no tener. ¿No es así? – le reclama el niño, mientras el cajero se lo queda viendo algo nervioso, y luego mira la cajita que está en exhibición.

El cajero toma la cajita, y en ella guarda todo lo que está en la funda, y se lo entrega al niño. El niño sin decir una palabra se va con su combo.

La cajita no puede creer lo que acaba de suceder <<¡Por fin soy libre! ¡Soy libre!>>, pero su alegría le dura unos pocos momentos.

El niño se sienta en una banca que da a la vereda, se come todo lo que hay dentro de la caja. Toma el muñeco, lo examina y se lo mete al bolsillo. Toma la caja y la convierte en una bola de cartón, y trata de encestarla en un basurero que está pegado a un poste, frente a la banca donde se encuentra sentado. El tiro falla y cae en el suelo junto al poste.

En cuestión de segundos, pasa un perro de la calle que se acerca al poste, alza la pata y mea sobre la bola de cartón que en algún momento fue una cajita feliz, que en realidad nunca fue feliz. <<No lo entiendo…>> dice ella, mientras ve al niño sacar al Superman del bolsillo y encestarlo desde la banca hacia el basurero. Luego ve que el niño se levanta y se aleja del lugar sin voltearla a ver.