Ciencia

La basura ahoga Madrid

Las flores de las lápidas del cementerio de Alcalá de Henares contrastan con las toneladas de basura apiladas a tan solo 20 metros. La imagen es sobrecogedora. Esquelas con fotografías de personas que ya se han ido junto a los desperdicios de los que todavía están. “Fue un buen padre, un buen marido, una excelente persona”, reza una de ellas. Encima, un ramo de margaritas amarillas acompaña a una imagen en blanco y negro. Enfrente, un grupo de cigüeñas intenta rapiñar algo en lo alto del cerro del vertedero, de unos 50 metros de altura. El olor a azufre quemado es nauseabundo y se queda pegado a la garganta. El vertedero no da para más. Pero tiene fecha de caducidad: cierra a mediados de 2019. Y su clausura ha abierto una doble guerra: la de los municipios que luchan para no sustituir a Alcalá, y la de la Comunidad, que invertirá 366 millones de euros hasta 2024 para acabar con los vertederos al aire libre, modernizarlos y alcanzar el sueño del residuo cero.

“Tal y como estamos haciendo ahora las cosas, esto llevaba a una situación de colapso total”, reconoce Carlos Izquierdo, el consejero de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, que no tiene competencias sobre los cuatro grandes vertederos municipales de la región (Valdemingómez, Alcalá, Pinto, Colmenar Viejo). “La Unión Europea nos ha dicho que hay que ir a una economía circular, de forma que todos los residuos que se generan se transformen en recursos, pero los países latinos llevamos bastante retraso”, recuerda. “Con la estrategia de gestión de residuos que hemos aprobado nos vamos a poner a la cabeza, pero vamos a tener que meter una velocidad de crucero tremenda para alcanzar el objetivo de que los vertidos sean cero y no se necesiten vertederos”, añade sobre un proyecto con una financiación total de 448 millones de euros. Y concluye: “Por eso, la situación es dramática ahora, pero no lo va a ser en el futuro”.

El drama se conjuga en presente. Las viviendas madrileñas generan más de 2,7 millones de toneladas de basura al año. El aumento de población multiplicará esa cifra en los próximos años. Y no hay sitio para enterrar tanta basura.

La mancomunidad del Noroeste acaba de votar la apertura de un sexto vaso para verter los desperdicios y prorrogar la vida del vertedero de Colmenar Viejo, lo que ha provocado protestas vecinales. La mancomunidad del Sur ya trabaja en un plan para extender el uso del vertedero de Pinto, que ahora mismo duraría hasta 2021, modernizando sus instalaciones. Y la mancomunidad del Este negocia contrarreloj para evitar un problema de salud pública: cuando el vertedero de Alcalá cierre, en la primavera de 2019, no estará listo el de Loeches, donde las obras para construir un nuevo vertedero cubierto y con planta de tratamiento no concluirán hasta el otoño de 2020. Mientras las administraciones se pelean por dónde llevar la basura durante ese periodo intermedio, discutiendo sobre si debe ser a Valdemingómez, a Pinto, o a ambos, el paso del tiempo actúa como la cuenta atrás que activa la explosión de una bomba de relojería. De hecho, la Comunidad ya ha amenazado con aplicar la ley para obligar a alguna de las partes a asumir esos desperdicios y evitar un problema de salud pública.

EP