Opinión

LA AUTÉNTICA REVOLUCIÓN QUE CONDENA A LOS MEDIOS

Lic. Denisse Casalí L.

denissecasali@gmail.com

@denissitacl

Cuando un gobierno se preocupa por fiscalizar cada cosa que puedan emitir los medios de comunicación en un país, deberían preocuparnos más las intenciones del gobierno que de los medios.

Vengo de un país donde no existe la libertad de expresión, la libertad de noticia o ninguna libertad en realidad. Del país que vengo la única libertad que conozco, es la libertad de no decir nada y callar todo, aunque pensándolo bien, eso tampoco es libertad. Pensar tantas cosas y no poder decirlas, debería considerarse un crimen que asfixia y condena el alma

Lo primero que aprendí allá fue hablar bajito cuando quería decir o referirme a cualquier tema político, ese delirio de persecución y locura que te hace sentir perseguida, escuchada, en medio de una situación peligrosa y comprometedora que simplemente te recordaba lo que debías silenciar, era como estar protagonizando una película de acción y suspenso constantemente.

Que difícil situación para los cubanos que hablamos tan alto todo el tiempo, que irónicamente decimos lo que pensamos y no callamos nada (a veces hasta hablamos de más), es tan difícil tener que bajar la voz al referirte mal del vecino que es fiel partidario del verde olivo; o de la prima del que vive al frente y que vino de Miami, siendo más gusana (anti fidelista) que nadie. Cuando te toca callar todo eso, se va acumulando en tu interior una nube en espiral de ideas y palabras que quieren salir disparados como balas mortales que solo buscan saborear la verdadera libertad.

Recuerdo ser pequeña ver las noticias al medio día con mi abuela, y después en la noche, un sólo noticiero, un solo canal, el mismo presentador diariamente informándote de los males del mundo: la peste en el Congo, el huracán en la Florida, la huelga de un grupo indígena en Quito y el robo a mano armada en plena luz del día en la ciudad de México. Absolutamente todo te hacía valorar más el lugar donde vivías, aunque ese lugar fuera la “Cuba llena de circunstancias”. Mi abuela al ver esto te decía: aquí hay buen clima, no te roban, no hay nadie en las calles marchando o perturbando la tranquilidad de los cubanos, y mucho menos hay riesgo de contraer enfermedades con la cantidad de doctores y medicinas que hay”. Está de más señalar que mi abuela respiraba el verde olivo, pero creo que eso es evidente.

Emisoras de radio sólo recuerdo una, por donde mi abuela escuchaba la radionovela, y de vez en cuando un señor de voz dura y cautelosa hablaba pensando cada palabra que decía, no recuerdo exactamente de qué se trataba, porque nunca me resultó interesante, pero sé que también era una radio patrullada por el gobierno.

El más vivo de mis recuerdos es del periódico Granma, Órgano Oficial Del Comité Central Del Partido Comunista De Cuba, notificando al pueblo cubano lo que “sucedía” en el país de una forma poco objetiva, pero eso lo pienso yo, no sé qué piensen ustedes. Este canal escrito presenta hasta el día de hoy noticias como los logros en deportes en el país, los aportes de la medicina cubana en el mundo, y las exposiciones culturales más destacadas del momento, entre otros acontecimientos, sin embargo, jamás veremos líneas dirigidas a la escasez de  medicamentos, o la inadecuada  alimentación que reciben los deportistas, o cuantos artistas y artesanos lograron abandonar la isla en los últimos años.

Hasta el año dos mil trece los pensamientos y reflexiones del comandante en jefe de la isla también se encontraban plasmados en este diario, donde manifestaba cosas como lo que podía y no podía garantizar B. Obama en pleno proceso de extinción del ser humano,  su profunda admiración por Erich Honecker y las quejas constante camufladas bajo su apreciación de cómo se manejan los negocios en la familia Bush. Estos mismos temas se repiten incansablemente en más de una publicación, realmente me llama la atención la firmeza y la frecuencia un poco agotadora con la que tratan estos temas.

Acaso este sistema es el que estamos cultivando aquí, un canal único, un diario único, una radio diciendo lo que ellos quieren que tu sepas y no lo que por derecho deberíamos saber;  restringiendo el acceso que puedas tener en internet, o prohibiendo el uso de redes sociales sólo porque sienten que va en contra de su ideología o estás atacando su sistema mediocre de represión en pleno siglo XXI.

No sé ustedes, pero a mí me encanta hablar y decir lo que pienso, no porque quiero que el mundo obligadamente me escuche, es simplemente porque considero que el pensamiento, la voz, las manos, y tantos otros medios se crearon para que el hombre pueda materializar lo que por naturaleza lleva dentro, anunciando la construcción pura de grandes cosas, cosas que se van originando en su interior. El que tenga intenciones de mutilar esta capacidad de convertir los pensamientos en algo verdadero y visible, entonces seguramente estará iniciando un proceso de auténtica revolución en busca de la extinción del ser humano.

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