Opinión

La Armada y el incidente en las Galápagos

Por: Cmte. Raúl Hidalgo Zambrano/Guayaquil.

 

El 31 de agosto de 2026, se produjo un incidente entre dos buques de la Armada del Ecuador en Galápagos. Un video captó la atención en las redes sociales demostrando, una vez más, que cualquier ciudadano con un teléfono móvil es un reportero en potencia al filmar, fotografiar, narrar o describir algún evento y subir la información sin editar a una red social.

El incidente se volvió viral por la importancia de los actores y porque a los receptores les interesó retransmitirlo; lo desafortunado fueron los comentarios negativos basados en suposiciones que realizaron ciertos receptores por el interés de hacer daño. Por aquello, es recomendable que los actores de algún incidente reaccionen en informar y difundir su versión con rapidez, oportunidad y transparencia.

Así lo hizo la Armada a través de un boletín de prensa, luego de efectuar una investigación inicial de los hechos. Este comunicado oficial describe un “hecho de navegación en una aproximación” entre dos unidades navales en Bahía Academia (Santa Cruz), durante actividades planificadas; no califica como “colisión” o “accidente”. Aunque ocurrió en el marco de un ejercicio multinacional, es importante señalar lo negativo, lo positivo y las enseñanzas de este tipo de incidentes y gestionarlos con transparencia y rigor, como lo está haciendo la Armada. Es una oportunidad para la mejora institucional.

Lo negativo, de hecho, revela que, incluso en operaciones planificadas y con protocolos activos, las condiciones meteorológicas y oceanográficas (viento y corrientes intensos) pueden reducir el margen de seguridad entre buques. Una aproximación no deseada genera preocupación pública y mediática, más aún, por tratarse de Galápagos, como se evidenció en reportes internacionales que hablaron de “colisión leve”. Las narrativas externas basadas en suposiciones desorientan la opinión pública y dan lugar a comentarios negativos; estas fueron aclaradas por el boletín oficial.

Lo positivo, de acuerdo con el boletín de prensa, es que se activaron de inmediato los protocolos de seguridad a la navegación; no hubo personal afectado ni daños que comprometieran la operatividad de las unidades; el personal técnico especializado llevó a cabo evaluaciones e inspecciones posteriores y los buques continuaron operando con normalidad según la planificación institucional. La Armada reafirmó su compromiso con la transparencia y la salvaguarda de la vida humana en el mar.

Las enseñanzas son que la meteorología y la oceanografía no son variables secundarias; las corrientes y el viento en Bahía Academia pueden modificar rápidamente las distancias de seguridad, lo que, refuerza la necesidad permanente de actualizar los modelos de predicción local. El boletín de prensa transparente y oportuno redujo el ruido que produjeron ciertos elementos contrarios a la Marina, Fuerzas Armadas, Ministerio de Defensa y Gobierno. Y los protocolos funcionan cuando se aplican de inmediato.

En conclusión, el incidente no dejó heridos ni comprometió la operatividad de las unidades; la Armada respondió con protocolos, evaluaciones técnicas y un comunicado oficial. Lo que ocurrió en Bahía Academia es una señal de que las condiciones reales en el mar en ocasiones pueden superar las previsiones. La fuerza naval, al reconocer el incidente o evento, evaluar sus causas y mantener la misión en curso, está cumpliendo su misión en el mar con responsabilidad.
¡Siempre al rumbo la noble Marina, bajo el bello y sagrado tricolor…!