Opinión

LA AMBICIÓN, LO PERDIO

Mg. Lilian Alarcón Durán.

Portoviejo/Manabí

 

De casos de corrupción que han sacudido al país, el de Carlos Pólit Fayioni, ex Contralor del Estado en el gobierno de Rafael Correa, emerge como un nebuloso compendio de los peligros que acechan cuando la ambición desmedida nubla el juicio y corrompe el entendimiento y la voluntad. Su historia no solo es la de un hombre que cayó en las fauces de la codicia, sino también la de una familia, su esposa e hijos, marcada hoy por el estigma y la vergüenza.

La carrera de Carlos Pólit estuvo marcada por su ascenso meteórico en el ámbito político. Desde sus inicios como funcionario público de aduanas y gobernador del Guayas en el gobierno de Lucio Gutiérrez, en el 2007, el entonces aspirante a Contralor General del Estado, obtuvo la máxima nota de 100/100, no porque haya sido el más competente, intachable u honrado, simplemente era el hombre clave para emitir informes propicios, e ir desvaneciendo glosas, en esos años funestos de un gobierno corrupto. Su ambición insaciable lo llevó a buscar constantemente más poder y riquezas, convirtiendo sin pudor ni recato, a su hijo mayor en cómplice de recibir y manejar dineros ilícitos. Su codicia le condujo por un camino de corrupción, sobornos, y lavado de dinero que finalmente lo arrastró a enfrentar no solo la justicia ecuatoriana sino la de los Estados Unidos, donde no pudo justificar el enriquecimiento ilícito, la coima, el lavado de activos en un sistema de justicia que no se tima.

Cuando el jurado en la Corte de Miami, finalmente lo declaró CULPABLE, el peso de sus acciones no solo repercutió en él, sino también en su familia presente en el juicio. Sus hijos, una vez rodeados del lujo y opulencia, bajaron la cabeza y uno de ellos se tapó la cara ante lo que escuchaban, así como su esposa e hija abrazadas entre lágrimas, enfrentando todos ellos, el impacto emocional de ver caer a un ser querido en desgracia. La ambición desenfrenada y la búsqueda desmedida de poder y riqueza pueden tener consecuencias catastróficas, no solo para la persona que las persigue, sino también para aquellos que lo rodean, especialmente su propia familia

Este caso, sirve como un duro recordatorio de cómo la corrupción puede destruir vidas y arruinar familias enteras. La ambición desmedida de Pólit lo llevó por un camino oscuro, donde el poder y la riqueza se convirtieron en su único fin. Sin embargo, el costo de sus acciones trascendió su propia vida, dejando un legado de vergüenza y sufrimiento para aquellos que son parte de él, y han estado siempre a su lado.

Esta historia a la que le falta el final es un recordatorio doloroso de los peligros de la avaricia desmedida, pero también es un llamado de atención para que los padres se esfuercen en ser guías éticos de mesura y dignidad para sus hijos, asegurando así un legado de valores que perdure más allá de las ambiciones perecederas y los errores cometidos.