Ciencia

La agüita milagrosa se venden como “pan caliente”

Un agua medicinal de sábila con miel es la receta diaria que toman algunas personas para eliminar toxinas de su organismo y mejorar su salud.

GUAYAQUIL. En varias esquinas de las veredas de distintos sectores de la ciudad no se pierde la tradición de tomar las conocidas agüitas de vieja. Muchos de  los vendedores mezclan el agua con sábila afirmando que éstas tienen poderes energéticos y medicinales que incluso pueden sanar las dolencias de todo tipo.

Desde las 06:00, en una de las esquinas de Sauces VI, José Castañeda,  se ubica en su coche, en el que lleva una olla con agua de varias hierbas,  botellas de vidrio que contienen las esencias medicinales con las que hace la mezcla y las hojas de sábila que no deben faltar para iniciar la venta.

Desde hace dos años y en el mismo lugar, vende el agua de horchata, de sábila, agua de purgas y las agüitas amargas, como una forma de ganarse unos cuantos dólares para el sustento de su hogar. Además es una manera de brindar una ‘cura’ para las dolencias de sus clientes.

Muchos de los clientes que se acercan a probar estas aguas curativas coinciden en que lo que más les atrae es el sabor, “Son muy buenas, además si curan algunas dolencias, yo tenía dolores de espalda y de los riñones y vengo a diario a tomar y ya me siento mejor, el dolor se ha ido”, señaló Juan Carlos Pérez, cliente con devoción a estas agüitas.

La chancapiedra, uña de gato y boldo para “curar los riñones y la sábila según comentó  Monar, esto lo mezcla y para  darle buen sabor a la bebida, le agrega miel de abeja.

El costo de esta deliciosa bebida que para algunos es el remedio de sus enfermedades es muy barato, el vaso varia de los 50 centavos a los $3.

Este última es completa, incluyendo el agua amarga que se hace con berenjena, ajenjo y la chuquiragua. Sirven para el colesterol, los triglicéridos, en general para limpiar el organismo, que es para quienes realmente sienten la necesidad de tomarla o tienen la valentía de soportar el sabor por el bienestar de su salud.

El gusto no se refleja en los rostros de las personas, por los gestos que realizan mientras se terminan la bebida, pues hace honor a su nombre. (DO/La Nación)