Opinión

kohl

El aumento de las ventas de pintalabios durante tiempos de recesión es desde hace años un fenómeno con su propio nombre, el ‘lipstick effect’. Popularizado durante la crisis de 2008, este efecto se dio ya en la Gran Depresión estadounidense, cuando la producción industrial fue reducida a la mitad pero las mujeres compraron más pintalabios que nunca. Al análisis de esta curiosa consecuencia se le han dedicado artículos y ensayos académicos, sin embargo, el estudio del maquillaje de ojos, quizás la parte más expresiva, personal y creativa del rostro, ha ocupado un lugar secundario en la mayoría de publicaciones especializadas. Aunque eso podría cambiar.

Los creadores de Eye of the Beholder, una exposición dedicada a la evolución del maquillaje de ojos, han analizado este tema de apariencia trivial como el signo del cambio de los tiempos, la expresión personal y las preocupaciones de la sociedad. Desde el kohl popularizado por los egipcios hasta la máscara de pestañas con aplicador, la cosmética sirve como hilo conductor de esta muestra localizada en Nueva York. Abierta al público durante el mes de enero y parte de febrero, se puede seguir visitando virtualmente . La muestra ha sido comisariada por los estudiantes de segundo año del Máster de Estudios de Vestuario de New York University con la ayuda de Mellissa Huber, comisaria asistente del Costume Institute en el Metropolitan Museum of Arts.

«Lo interesante del maquillaje de ojos es que es muy particular de un tiempo concreto. Los ojos revelan el carácter interior y la emoción, mientras que el maquillaje refleja un contexto cultural más amplio», explica Lauren Richter-Suriñach, una de las organizadoras de a exposición, a Vanity Fair. «Si una mujer de una década anterior lleva lo que calificaríamos de look atemporal, lo más probable es que pudiera averiguar de cuándo es basándote en su maquillaje de ojos».

A continuación, un recorrido por la mitad del siglo XX narrado por los creadores de la muestra. Las estrellas que marcaron tendencia, los productos que revolucionaron el tocador, y otras claves de esta evolución.

ANTECEDENTES

«En línea con el kohl del antiguo Egipto y según las palabras de los poetas de la antigüedad, los ojos han sido el foco del rostro a lo largo de la historia», comenta Elena Kanagy-Loux. «Las cejas también han jugado un papel esencial en las tendencias. Como el largo de una falda, la finura o grosor de las cejas pueden definir una década entera de belleza».

«Ha habido muchos avances que revolucionaron la aplicación y el resultado del maquillaje; sin embargo, la máscara de pestañas como producto comercializado fue el más transformador», explica la experta Laura Gust. «Empezando en 1870, Robert Chesebrough comercializó el producto hecho de residuos fósiles, petróleo, en las casas con el nombre de marca Vaseline, patentado en 1872. Para el siglo XX, la gelatina de petróleo era un ingrediente integral de muchos cosméticos y era utilizado para la aplicación de polvo de carbón o corcho en las pestañas. Ayudaba a producir un resultado oscuro y brillante».

1910: EL AUGE DEL CINE MUDO

«Como remanente del período victoriano, el maquillaje de ojos estaba rodeado de muchas connotaciones negativas. Los cosméticos eran muy naturales y su presencia no debía ser advertida», comparte Kanagy-Loux. Mientras, la máscara de pestañas continuaba fortaleciéndose. «Para 1915, empresas como Rimmel y Maybelline ya usaban gelatina de petróleo y carbón como base de productos como Lash-Brow-Ine, con pigmento y adherente en el mismo producto», añade Laura Gust.

Los ojos ahumados de Theda Bara , la mítica estrella de cine mudo que vivió rodeada de misterio, es quizás la imagen más icónica de aquella época. Junto a ella estaba Mary Pickford, con un estilo más discreto y menos penetrante que Bara, quien lograba infundir miedo en el espectador con solo una mirada.

theda bara

1920: CEJAS FINAS

«Con las mareas cambiantes de la moda, el uso del maquillaje de ojos emergió del teatro y el cine para ser utilizado por las mujeres en su día a día, que a menudo llevaban cejas tan finas como un lápiz e incluso pestañas postizas», explica Kanagy-Loux. En esta época se popularizaron las ‘cake mascaras’, un precedente del rímmel que funcionaba con una paleta (originalmente fabricada de jabón y tinte) a la que se debía añadir agua. «En los años 20, las ‘cake mascaras’ se convirtieron en una forma menos complicada de aplicar los pigmentos en las pestañas y las cejas», apunta Gust.

Clara Bow, considerada la primera ‘it-girl’, popularizó las cejas finas y el uso de la máscara de pestañas, ayudada por Joséphine Baker, quien afinó aún más su forma y experimentó con el color.

Fuente: Revista Vanity