Opinión

Kenia se envuelve en barras y estrellas

Desirée García

@Efe

El presidente de EEUU, Barack Obama, se marchó hoy de la tierra que vio nacer a su padre con una postal, la de un público rendido a cada una de sus palabras en un mitin al más puro estilo americano, y la convicción de que es el «hijo más importante» de Kenia.

Cerca de 6.000 kenianos declararon su amor incondicional al mandatario agitando banderas estadounidenses y escuchando en pie el himno del país de Obama, que ha puesto la guinda a su visita oficial con una espectacular puesta en escena.

Ocurrió en el pabellón deportivo Safaricom Arena, a las afueras de Nairobi y a pocos metros del estadio de Kasarani, en el que la Policía keniana mantuvo retenidas a unas mil personas, la mayoría refugiados somalís, en una operación antiterrorista desplegada tras una ola de ataques en abril de 2014.

Hoy, el recinto volvió a llenarse de policías y militares, pero por una sola persona, la que tiene «el trabajo más difícil del mundo», según Auma Obama, su hermana.

«Mi hermano, nuestro hermano, nuestro hijo más importante», dijo Auma antes de dar la bienvenida a Obama ante un auditorio que disfrutó escuchando sus anécdotas familiares y sabiendo que él también come chapati y ugali (tortas y masa de harina, típicas kenianas) cuando se junta con su «gran familia» de Kogelo.

El pueblo donde nació el padre de Obama está en el condado Kisumu, tierra de los lúo y título de una de las canciones más conocidas de la popular artista keniana Suzanne Owiyo.

«Llévame a dar una vuelta por Kisumu, al hogar de mi madre, al hogar de mi padre», cantó en lengua lúo. Y enseguida puso en pie al auditorio al darle un giro a la letra: «Tera adhi ane Obama (Llévame a ver a Obama)».

Precisamente para eso madrugaron en domingo, hicieron interminables colas y superaron exhaustivos controles de seguridad niños vestidos de uniformes de colores, mujeres con alegres estampados, adolescentes cubiertas por «hiyab» blancos y kenianos de todas las edades, confesiones y tribus.

Todos se pusieron a escuchar en pie el «Barras y Estrellas» interpretado por el cantautor keniano Eric Wainaina.

Auma se dirigió entonces a un auditorio envuelto en las banderas de ambos países para relatar el reencuentro con su hermano, de quien aseguró que se sigue sintiendo muy «cercano y vinculado a su herencia keniana».

«No es solo nuestra familia, sino que nos llega al corazón», confesó la hermana del líder estadounidense.

Así, para cuando Obama se encaramó al atril ya se había metido en el bolsillo al público, que cayó rendido al escuchar exaltar su orgullo de ser «el primer presidente americano-keniano de los EEUU».

«¡Te quiero!», gritó alguien desde la grada. «Yo también», respondió Obama sin dudar.

Se hizo público así un romance largamente presentido en las calles de Nairobi, que se engalanaron hace semanas para recibir al hijo pródigo, que enmudecieron estos días para proteger su seguridad y pintaron de rojo y azul hasta las uralitas de sus chabolas.

A Obama no le dio tiempo a hacer aquello que dice la canción de Owino de «tomar un coche que me lleve a Kisumu», pero pudo pisar por tercera vez la tierra de sus ancestros, esa donde su nombre cobró sentido para él por primera vez.

Fue al llegar al aeropuerto de Nairobi siendo todavía universitario, cuando le perdieron el equipaje y una empleada le preguntó, al ver su cara y su pasaporte, si era el hijo de Barack Hussein Obama, un popular economista keniano.

«Fue la primera vez que mi nombre significó algo», confesó.

El padre de Obama consiguió una beca de estudios para ir a EEUU a estudiar Económicas, a través de un programa organizado por el líder nacionalista Tom Mboya, y conocería a su madre en Hawai, de la que se divorciaría poco después para volver a Kenia en 1964.

Kenia se ha volcado estos días con un líder al que siente como un compatriota. Obama ha cumplido con sus expectativas consciente de que, sin aquella beca que llevó a su padre al otro lado del Atlántico, jamás habría sido presidente de los EEUU o, simplemente, jamás habría sido.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.