Realidades

“Justificaré mi vida haciendo el bien”

“El ídolo de todas las generaciones” se debatió entre la vida y la muerte hace unas semanas. Ya de alta, sólo quiere agradecer.

Para Guillermo Dávila, los últimos días han sido los primeros de su nueva vida.
Hace apenas unas semanas, el cantante, “ídolo de todas las generaciones”, se debatió entre la vida y la muerte en el Hospital Universitario de Puerto Rico, país en el cual tenía pautado un concierto promocional de su más reciente disco titulado, curiosamente, Mi vida.

El también actor arribó a la isla “con una condición clínica delicada”, según informaron los doctores tratantes. Dos bacterias, una Legionella y otra Mycoplasma, hicieron que sus pulmones dejaran de funcionar, lo que lo llevó a ocupar la unidad de terapia intensiva por varios días. Por ello, el intérprete de himnos como Sólo pienso en ti o Barco a la deriva requirió de asistencia ventilatoria artificial y tuvo que ser conectado a un respirador mecánico. Inconsciente, sus días de noviembre transcurrieron rodeado de su familia, amigos, neumonólogos, internistas, especialistas e infectólogos.

El resto del mundo, mientras tanto, se desbordó en plegarias.

¿Cómo se siente después del mal momento que vivió?

El caso es que lo que viví, no lo viví porque estuve inconsciente la mayoría del tiempo. A partir de un momento, no supe más de mí. Volví después de no sé cuántos días. La pelea con esas dos bacterias, una escondida y la otra descubierta, fue realmente grande. A medida de  que tomaba consciencia, fui conociendo al grupo de médicos que me trató, algo envidiable para cualquier país (…). Sin dejar de merecer a nuestros jóvenes doctores, porque allá (en Venezuela) la cosa es diferente por muchas razones, si me hubiese pasado lo mismo en el Hospital Clínico Universitario no estuviese contando la historia, empezando porque necesitaba Albúmina (proteína) y en Puerto Rico sí se conseguía.

¿Está curado completamente? ¿Sigue algún tratamiento?

Yo nunca había estado enfermo realmente, esta es mi primera vez y ha sido aleccionadora (…). Estoy bajo observación, pero ya de alta. Hay un asunto con las cuerdas vocales: debo esperar a que pase cierto tiempo para que lleguen a su lugar, como estaban antes.

¿Existe riesgo de que se vea perjudicada su voz al momento de cantar?

Me han dicho no debo preocuparme de nada guardando reposo, simplemente, y haciendo mi vida normal. Es cuestión de tiempo. Es como si se me hubiesen irritado las cuerdas vocales, porque fue una intubación, la cual hizo daño al entrar y salir, pero era la única manera de salvarme (…). A veces veo la guitarra con miedo para probar a cuál nota llego.

¿Cuándo despertó en el hospital, qué fue lo primero que le vino a la cabeza?
No me desperté de una vez, sino a medida que los días pasaban, por la sedación. Pero cuando tomé completa consciencia estaba pensando en mi hijo Guillermo, porque le había dicho que nos íbamos a ver. Iríamos a Venezuela y pasaríamos unos días juntos. Nunca me ha gustado engañarlo, y esta vez lo engañé. Estaba bien preocupado porque tenía que verlo.

¿Le temía antes o le teme ahora a la muerte?

Siempre le he tenido respeto. No pienso en ella porque llega y uno no se da cuenta. Esta vez no morí, sino que perdí el conocimiento, y eso es como dormir, pero tuve la oportunidad de regresar y decir: “¡Ya va! tengo cosas que hacer. Vamos darle más prioridad a algunas cosas y menos a otras”.

¿Algo que quiera corregir en su vida ahora?

Sí, sí, sí. Desde luego… Ciertos alejamientos… He conversado con algunas personas en estos días. ¿Con cuáles personas?  No me preguntes. Eso es muy delicado. Pero han salido bien esas conversaciones.

¿Este proceso de curación ha influenciado sus intereses artísticos?
No creo, aunque después de pasar por eso que no conoces, regresar y empezar a respirar, tragar y oler diferente, lo que haces es pensar profundamente en componer otras locuras, otras cosas, aunque siempre conservando lo que uno siente y basándose en principios familiares.

¿Alguna canción de Mi vida con la que pudiese identificar este momento?
Precisamente, la canción que le da nombre al disco, pues es muy personal; tiene que ver conmigo y con mi esposa. Ella estuvo allí desde el día siguiente que la llamaron. Es una mujer muy dura y tengo que reconocer que se merece todo lo mejor porque es muy especial y, como muchas de las mujeres, es muy fuerte.

¿Qué le queda por hacer a Guillermo Dávila?
Para mí ha llegado la hora de ser como muy observador de eso que desde lejos había oído llamar “milagros”. Un simple “gracias” no es suficiente. Creo que debo agradecer de alguna manera justificando mi vida lo mejor posible, haciendo el bien por sobre todas las cosas. De alguna forma, quiero hacerle llegar mi mensaje a través de Dios a toda esa gente que hizo sus cadenas, que pensaban que no era el momento de irme. Quiero darles un beso y un gran abrazo por todas sus fuerzas y energías que me sacaron adelante. (El Universal/La Nación)