Opinión

Justicia laboral

Juan Campoverde

jj_campoverde@hotmail.com

@JuanCalambre

Si se mira objetivamente la eficiencia del gobierno, en comparación con el pasado, es innegable que la llamada revolución ciudadana ha aportado muchas bondades al país. Antes de Correa, este país era radicalmente diferente.

La diferencia se notó de inmediato y la popularidad del presidente se disparó. Personalmente, creo que pasará a los anales de la historia como un personaje que marcó un antes y un después en la política ecuatoriana.

Y así como lo dicho es cierto para muchos, también es cierto que el cáncer de la injusticia social que combatió Correa, también se ha ido apoderando poco a poco del aparato estatal.

Con la cantidad de información disponible hoy en día es fácil notar la cantidad de millonarios que ha parido el actual régimen. Desde el que compra islas por ser intermediario del petróleo, pasando por ministros que manejan bicicletas más caras que el auto de un ciudadano promedio, hasta cualquier contratista; sin olvidar las carteras de miles de dólares de juezas y asambleístas. Escribirlo da náuseas, saber que es verdad tortura.

Por lo bueno, hay correístas; por lo malo hay correístas de closet. Los anticorreistas no podrían hacerlo mejor porque ya lo habrían hecho. No existen políticos lo suficientemente honestos y eficientes para llegarle a los talones a Correa. Ecuador lo necesita, y él lo sabe. Pero creo que el saberlo ha adormecido su cuidado por el cáncer de la corrupción e injusticia social antes combatidas y cada vez más adquiridas.

El enriquecimiento ilícito es despreciable. Pero el enriquecimiento injusto obtenido legalmente es, como dije, una tortura. Si se quiere hablar de justicia por ejemplo, lo que debería tener un techo son las demandas por injurias o daño moral, no las utilidades de una empresa.

Pero lo más injusto y miserable, a propósito de la Ley de Justicia Laboral, es lo de las amas de casa. Un gobierno que por un lado reivindica a la mujer, desde la ridícula semántica de la doble preposición (él y la ciudadana), hasta serios cargos gubernamentales; por otro lado fomenta el machismo al obligar a los hombres a pagar por los servicios de un ama de casa.

Pero encima de este abuso, el pago no es a la señora del hogar, ella seguirá sin remuneración, el pago será para el IESS. El beneficio es la atención pública: salud y jubilación. El perjuicio: destinar a la mujer a ser una sirviente e institucionalizarlo mediante una ley, criminalizando al esposo que se rehusé a hacerlo.

Y así es como la patria avanza cuando hay recesión.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.