Opinión

JUECES CANALLAS

Orlando Amores Terán/Quito

 

Cuando un juez favorece al victimario, dejando desprotegida a la víctima es un bellaco, un criminal.

En 1987 Julio Tiraboschi, con la excusa de mostrarle juguetes, llevó a una menor de 8 años, a un baño del edificio del que era portero, la sentó sobre el inodoro, y le puso su miembro viril en la boca, diciéndole que adivine que dedo era.

La madre encontró a su hija, golpeándose la cabeza. Al observar esa actitud le preguntó por qué lo hacía; la niña respondió: «El portero me metía eso en la boca. Cuando le pedía por favor que no lo haga más, él me decía: un poco más que acabo. Después me dejaba esa cosa amarga en la boca».

El juez Eugenio Zaffaroni, de la Cámara de Apelaciones, protegiendo al delincuente, responsabiliza a la niña por su «ignorancia» e «inocencia», cuando dice: «En la indagación no queda explicitado si realmente le introdujo el pene en la boca, porque ignoraba que podría ser.»

Señala: «Los informes determinan que no se observa daño psíquico de la menor. En tal sentido, no tengo dudas que la penetración bucal no es dolorosa. En el fellatio no existe pérdida de la virginidad. El único hecho imputable se consumó a oscuras, lo que reduce aún más el contenido traumático para la menor. Estamos ante un imputado sin antecedentes, que demuestra arrepentimiento. Es un hombre joven, padre de familia, que sufrirá graves consecuencias en el plano familiar y laboral, además de social.»

Esta es la estructura ética y moral del sujeto que hoy defiende al mayor canalla antipatria y ladrón de Ecuador, cuyos costosos honorarios los pagamos todos nosotros, con el dinero que el otrora don nadie, atracó al país durante la década infame. Debemos rechazar su presencia.

¿Dónde están las feministas, enemigas del «heteropatriarcado», los DDHH? Nada dicen.

Canallas de la historia.