Opinión

José Joaquín Olmedo- mucho más que sólo poeta

Guillermo Arosemena Arosemena/Guayaquil

 

Este artículo, tratará únicamente del Olmedo Presidente de la Provincia de Guayaquil y su directa participación en la planificación y organización para levantar fondos y manejar la logística de las tropas, en las primeras batallas de la Independencia ecuatoriana.  Un mes después de la Independencia Febres Cordero y Urdaneta fueron derrotados en Huachi; Aymerich aniquiló la División Protectora de Quito, creada por Olmedo para liberar al resto de provincias. En 1821 Sucre salió victorioso en Yaguachi pero fue vencido en Huachi. En 18 meses de presidencia Olmedo también enfrentó más de dos insurrecciones; las más importantes: una militar, a los varios soldados tratar de sabotear unos barcos, y la otra, separatista cuando Portoviejo pretendió imponer a la fuerza, la anexión a Colombia. Finalmente tuvo que enfrentar a Cochrane quien pretendió llevarse un barco como trofeo de guerra. Este fue un período crucial para el futuro de Guayaquil y todo Ecuador. Fueron meses en que Olmedo estuvo al frente del destino de Guayaquil, defendiendo una provincia que no cumplía las condiciones para valerse por sí misma: poca población, rodeada por los cuatro costados de enemigos con mayor capacidad económica, experiencia política y cuyos líderes querían apoderarse del puerto más importante del Pacífico sudamericano; al oeste había corsarios atacando todo barco para robar la carga y dinero de quienes navegaban. En tiempos de guerra, la debilidad más importante de Guayaquil fue no haber experiencia militar entre los ciudadanos para enfrentar a los enemigos. Para cargos militares, Olmedo tuvo que nombrar a militares extranjeros con el objeto de liberar las demás provincias y defender Guayaquil. No siempre acertó en los nombramientos. Logró su gestión con limitados recursos económicos. Adicionalmente enfrentó intrigas: la de los guayaquileños, que habían asumido diferentes posturas sobre qué hacer con Guayaquil, y la proveniente del personal militar de Colombia y Perú establecidos en la ciudad desde principios de 1821.

Entre otros escollos que tenía Olmedo estaba el cómo manejarse en buenos términos con San Martín y Bolívar, dos genios de la guerra que habían puesto la mirada en Guayaquil, adonde comenzaban a enviar representantes para firmar acuerdos. Olmedo estaba consciente de que necesitaba de ambos y no podía romper relaciones, por lo que se manejó con diplomacia, sin perder la dignidad y tratando de no mostrar inclinación por ninguno de los dos. El propio Olmedo conocía las limitaciones de Guayaquil e incluso las había hecho públicas en carta al General José Mires (representante de Bolívar). Olmedo mostró habilidad para aprovechar el momento y obtener de San Martín y Bolívar, lo que más convenía a los intereses de Guayaquil.  A Olmedo no le tembló la mano cuando escribió en duros términos a los dos libertadores y sus representantes. Bolívar y Sucre fueron más frontales que San Martín, ellos pretendieron que Olmedo no tuviera mayor contacto con San Martín. El 5/3/1821 Olmedo escribía al coronel Antonio Morales, representante de Bolívar: “…esta provincia no está agregada al Perú, y es tan ridículo persuadirse a que la agregación está ya hecha por la sola razón de haber admitido comisionados del general San Martín y los auxilios que le ha prestado…” En carta del 17/3/1821, a Bolívar: “La provincia de Guayaquil está dispuesta a sostener el voto de ser libre…” En comunicación a Sucre, 4/6/1821, se oponía a la compra de barcos por “… el grave perjuicio que nos acarrearía la compra […]El estado de esos buques es otro motivo de consideración, pues sólo en repararlos se gastaría mucho”. En carta a Bolívar, 13/6/1821, le llamó la atención por no haber esperado a dos embarcaciones que Olmedo había enviado al Chocó para traer las tropas de Bolívar quien ordenó se embarcaran en frágiles naves. “…De esto ha resultado lo que necesariamente debía resultar: estropeo, fatigas, enfermedades…”

En lo militar a pesar de no tener ninguna experiencia, Olmedo fue planificador, estratega y experto logístico, preocupado de los más mínimos detalles, como se evidencia en numerosas cartas a Toribio Luzuriaga, general peruano, quien reemplazó a Febres Cordero y Urdaneta, después de la derrota de Huachi; al General José Mires de Colombia; a Sucre, San Martín y otros. Entre sus instrucciones “…hacer mover a Piura una división que obrando por Loja amenace a Cuenca con el fin de llamar la atención al enemigo por aquella parte y dividir su fuerza; mientras las tropas de Colombia y de esta provincia marchaban directamente contra Quito.” (29/4/1821). Otra: “…a las dos horas de salir de Samborondón pueden las embarcaciones   llegar a la Boca de Baba, hacienda de Baquerizo; y que desde este punto a Babahoyo hay camino de tierra muy corto como de dos o tres horas. Me parece, pues, que sería bueno, que en las balsas vayan hasta Boca de Baba caballos y caballeros, que allí salten, monten y marchen a su destino. De este modo le quedan a usted expeditas las canoas para conducir la tropa. Estas canoas pueden entrar por el estero de Lagartos desembarcar en la hacienda de ese nombre que dista un cuarto de hora de Babahoyo por tierra y ahorrar cuatro o cinco por el río; así como desembarcando los Dragones en la hacienda de Boca de Baba y navegando por tierra, ahorrarán ocho o diez horas de camino y quizá un día, según esté el río de crecido y correntoso”. (16/7/1821)

Olmedo conoció el fracaso, pero jamás se dejó vencer por él; frente a las más duras derrotas, mostró espíritu optimista y elevó la moral de sus subalternos y Libertadores. A Sucre, (15/9/1821): “El Gobierno está dispuesto a hacer todos los esfuerzos y todos los sacrificios por salvar la patria. En esta virtud no dude usted un momento de que se allanarán todos los inconvenientes para reponernos, que estén en nuestro poder”. (17/9/1821). “La hermosa perspectiva que presentaba la provincia cuando dirigimos a V.E. las últimas comunicaciones después de la victoria de Yaguachi, se ha mudado repentinamente por una de las vicisitudes de la guerra. Acabamos de recibir parte del General Sucre en que nos anuncia la total derrota de su división el día 12 del presente en las llanuras de Ambato, de donde el mismo escapó herido.14 de abril de 1821 A Simón Bolívar […]Pero a pesar de esta situación no desmayamos; antes bien nos son dulces todos los sacrificios, y hemos ofrecido prestar a las tropas de Colombia que obren por esta parte contra Quito, las provisiones de boca que necesiten mientras se sitúan en el país que deben libertar”.

A través de las numerosas cartas de Olmedo, se reconoce que, a pesar de no haber buscado el cargo, fue hábil estadista y supo conducir a la Provincia de Guayaquil por el camino correcto. Demostró ser amante de las libertades; los desencuentros con Bolívar, Sucre y luego Flores fueron por defenderlas y criticar su actitud autoritaria. Él conocía sus limitaciones y las hizo públicas en una carta a Sucre (18/10/1821): “Yo no he nacido para este puesto: el retiro, la soledad y la comunicación con las musas eran convenientes a mi genio y carácter; mandar, regir, moderar un pueblo y en revolución  no es para mis fuerzas intelectuales y físicas personaje de muchas facetas”. El Olmedo descrito por nuestros historiadores, no es el Olmedo de sus cartas, al final tuvo que ceder, no por ser débil, sino por práctico, se encontraba en desventaja frente a Bolívar. En ediciones posteriores se tratará sobre su actuación en otros cargos.

Olmedo merece mayor reconocimiento.